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FIN DE LA LEGISLATURA

A Sumar se le escapa lo de "cuestión de confianza" y entran en pánico en Moncloa

Hay más miedo que vergüenza. Desde la formación de Yolanda Díaz amenazan con golpear, pero rápidamente salen a la palestra a deslizar que tampoco es para tanto. Los socios de la mal llamada "mayoría progresista" de legislatura se han convertido ya en cómplices de una situación sin precedentes.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Congreso de los Diputados. 12/2/2025

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Congreso de los Diputados. 12/2/2025Europa Press

Abel Martín
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Hay más miedo que vergüenza. Tienen que parecer indignados ante la extrema gravedad de los acontecimientos. Pero tampoco hay que pasarse, que es demasiado lo que está en juego. Para unos y para los otros. Es el sentir y la estrategia de todos los grupos parlamentarios que se han sentado a la mesa con Pedro Sánchez en esta legislatura.

Sumar, socio minoritario de la coalición de Gobierno -y según las encuestas, proyecto abocado a la irrelevancia- está teniendo problemas para mantener los equilibrios entre los reproches y los gestos. Es, precisamente, lo que le ha sucedido este viernes a la amalgama de entidades a los que pone cara Yolanda Díaz. En cuanto ha trascendido que Sumar desliza la mera posibilidad de una moción de confianza, en el Palacio de Moncloa han comenzado a saltar las alarmas. Incluso dentro del búnker. 

Ha ocurrido cuando la coordinadora general de Sumar, Lara Hernández, deja caer -traición del subconsciente- que Pedro Sánchez debería someterse a una cuestión de confianza si no hay un “giro de 180 grados” en lo que resta de legislatura. La frase ha caído cual granada en el entorno presidencial: no hace falta pedir cabezas para que a algunos les empiecen a temblar las piernas. 

Esto precisamente era lo que exigía Carles Puigdemont hace meses y que se fue demorando hasta volver a alcanzar un acuerdo de último minuto. ¿Por qué tanta histeria? Sencillamente, porque una cuestión de confianza haría caer a Pedro Sánchez, nos abocaría a nuevas elecciones y sería una debacle absoluta para todos los que se han convertido en compañeros de viaje del 'sanchismo'.

Rápidamente, hay que salir a enmendarlo

El contexto es cada vez más tóxico. De ahí que todos los grupos, excepto PP y Vox anden con la pinza en la nariz. El informe de la Unidad Central Operativa que implica directamente a Santos Cerdán por el cobro de comisiones en la trama Koldo, ha abierto un frente delicadísimo en la Presidencia del Gobierno. El escándalo ya no se ciñe a las corruptelas de antiguos altos cargos: ahora toca el corazón del partido y el núcleo del poder monclovita. Pero mientras en el PSOE optan por esperar a ver cómo se asimilan las meras disculpas y falsas promesas de su -cada vez menos- amado líder, sus socios huelen el miedo, temen el contagio y tantean el precio de la continuidad. Hay quien dice que hay otros dos informes de la UCO, que ya apuntalarían esa teoría de supuesta financiación ilegal del PSOE. Será cuestión de tiempo, entonces.

Las tres palabras pronunciadas por alguien de Sumar que dicen "moción de censura", pueden interpretarse como una advertencia medida de cara a la galería. O mejor dicho, de cara a ese electorado en huída que se está alejando de la formación. Aunque, como suele ocurrir cuando se lanza una piedra en un estanque político, las ondas se descontrolan cuando uno menos se lo espera. Ha tenido que ser, en este caso, la portavoz de Sumar en el Congreso de los Diputados, Verónica Martínez Barbero, quien se ha apresurado a enfriar los ánimos de aquellos que ya andaban haciendo cábalas: “No tenemos datos de que el presidente del Gobierno esté involucrado”. O expuesto de otro modo: no queremos ser los que rompan el tablero -para eso ya está Podemos- piensan en el entorno de Yolanda Díaz. A ver cómo lo explican luego.

Esa marcha atrás inmediata revela dos cosas. Primero, que el temor a provocar una caída anticipada del Gobierno es real dentro de la izquierda. Y segundo, que Sumar está dividido entre el impulso moralista de marcar perfil propio y la necesidad pragmática de no salir arrollado por el tren que -si nada lo impide- conduce a Sánchez a descarrilar.

De socios de legislatura a cómplices de fechorías

Lo más revelador de este episodio, sin embargo, es lo que no hacen los demás. El inmovilismo de ERC, Junts, Bildu, PNV o Podemos es tan elocuente como una declaración formal de apoyo. Nadie quiere remover demasiado el escándalo, no sea que se tambaleen también sus propias ventajas. La autodenominada -y, por supuesto, mal llamada- “mayoría progresista” ha mutado en un pacto de supervivencia mutua.

En ese reparto de dejadez, Junts destaca por su capacidad para rentabilizar cada debilidad del enemigo íntimo. No en vano, Carles Puigdemont ha exigido un encuentro "urgente" con Pedro Sánchez. ¿Quién irá ahora que Santos Cerdán es historia? No para hablar de regeneración democrática, sino para renegociar su precio. Y es que si Moncloa se debilita, el momento es perfecto para volver a pasar por caja. Así funciona la geometría variable: el que calla, cobra. Y el que manda, exige. 

Un Gobierno en como vigilado

En este preciso instante, se puede asegurar que el Ejecutivo de coalición no está roto -por ahora-, pero también es cierto que respira por un tubo. La moción de confianza ha quedado en el congelador, pero su mención ya ha dejado huella. Sumar quiso jugar a ser árbitro moral y ha acabado confesando, sin quererlo, que no confía del todo en su propio socio. Mientras tanto, los demás se frotan las manos: cada día que aguante Pedro Sánchez, más margen para negociar prebendas, cuotas y pactos.

Y así, sin avanzar en nada, se consume la legislatura: entre informes de la Guardia Civil, insinuaciones de ruptura y chantajes en diferido. Sánchez no gobierna: sobrevive, una vez más. Aunque, si registran sus constantes vitales, parecen cada día más débiles.

Al margen de la cuestión de confianza, la moción de censura no debería descartarse, porque es otra posibilidad que hay en el horizonte. O, si no, que pregunten en Génova.

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