CRISIS DEL PSOE
Zapatero viene al rescate
El decisivo Comité Federal de julio respaldará a un Sánchez en libertad “vigilada”.
Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado mes de noviembre en el Congreso del PSOE en Sevilla.
El expresidente Zapatero está siendo –de nuevo- la inspiración política de Pedro Sánchez en estos momentos de máxima debilidad del líder socialista. Su consejo es: resistir, limpiar todo lo que se pueda en Ferraz y no descartar la convocatoria de elecciones generales en 2026 coincidiendo con las andaluzas.
El histórico Comité Federal socialista convocado para el próximo 5 de julio (en coincidencia con el Congreso extraordinario del PP), respaldará a Sánchez, a pesar de que la desconfianza se ha instalado en los cuadros socialistas. El secretario general del PSOE podrá seguir siendo su líder, pero ya no podrá “hacer y deshacer” a su antojo, estará en “libertad vigilada”.
Además de ZP, que ha aconsejado a Sánchez que intente “dar la vuelta al relato”, el presidente del Gobierno ha obtenido el respaldo de los secretarios generales de UGT y CCOO, que le han advertido que su apoyo no puede ser “a cambio de nada”; la misma advertencia que le lanzan los socios de legislatura. ¡Acción, presidente, acción!
El acopio de apoyos que está obteniendo Sánchez está en función de los intereses que les mueven: amnistía en el caso de Junts, “agenda social” de Sumar y ERC, sin interferencias de Economía; agenda lingüistica y avances en el reconocimiento de Euskadi como nación... o recorte significativo del objetivo de rearme del Gobierno, que sería una condición incondicional para el respaldo de Podemos.
Finalmente, aquellos medios de comunicación privados que habían respaldado fielmente hasta ahora a Sánchez le han retirado visiblemente su apoyo, que solo se replantearían si el presidente es capaz de hacer un “borrado” de todo lo que huele a podredumbre en Ferraz.
La preocupación de los cuadros intermedios del PSOE –la fuerza “de choque” del viejo partido de Pablo Iglesias- es que acaben apareciendo certezas sobre vinculaciones de Sánchez con la trama; o que se conozcan actividades del presidente que puedan catalogarse como “corruptas”.
La propuesta del grupo de selectas personas que están siendo consultadas por el presidente coincide en que hay que “perimetrar” la corrupción para luego “encapsularla”, reconociendo que no hay que descartar que nuevos audios, nuevas evidencias... nuevas acusaciones vayan apareciendo después de la “catarsis”.
Precisamente, la tarea que se antoja más complicada es esta: encapsular la corrupción y convencer a la opinión pública de que se trata de actividades personales de unos cuantos corruptos que no salpican al Partido Socialista como organización o al presidente del Gobierno personalmente.
De todos los propósitos que le han planteado a Sánchez los socios políticos que le siguen siendo fieles, su entorno, o los dirigentes sanchistas que están de su lado, es lo que tiene que ver con la corrupción, pasada y futura. El presidente socialista no ha descartado anunciar su dimisión ante la hercúlea tarea que le espera. Para decidir si continúa tendrá que ver claro que es posible “resetear” Ferraz y Moncloa; y encontrar un “relato” eficaz que contrarrestar al que han construido en estos últimos días sus adversarios políticos y mediáticos.
Resistir para sobrevivir al cerco judicial
¿Por qué Sánchez no tira la toalla? En primer lugar, porque considera muy injusto que la legislatura descarrile y que su figura quede manchada por el episodio de la corrupción de Cerdán y Ábalos, nada menos que sus dos secretarios de Organización. En segundo lugar, porque está convencido de que el respeto internacional que -según su perspectiva- se ha “ganado a pulso”, se está derrumbando a pasos agigantados.
Lo más importante para Sánchez es que si continúa en La Moncloa tendrá los resortes de la Administración a su servicio, podrá establecer alianzas con medios de comunicación públicos afines, o restablecer las constantes vitales con los medios privados que le apoyaban. Asimismo, reactivar los apoyos exteriores –particularmente de la Comisión Europea- que le pueden ayudar a hacer el camino sin demasiados sobresaltos hasta la próxima cita electoral.
En clave interna, lo más complicado no es elegir un “número dos” limpio y con capacidad de embridar al PSOE y ejercer de portavoz del Partido (siempre podrá contar con Óscar Puente, en este momento el “mirlo blanco” al que apoya la “militancia”), lo más complicado será afrontar unas elecciones generales anticipadas a 2026 con la espada de Damocles de la corrupción a punto de cortarle la cabeza.
¿Pero, acaso, tiene otra alternativa? Aunque “de boquilla” ha insistido en que quiere llegar a 2027, pocos son en el entorno presidencial que (a día de hoy) dan credibilidad a semejante propósito.
La debilidad de Sánchez es manifiesta, y en esta ocasión no podrá echar mano de su “manual de resistencia”... Como mucho, podrá “vender a saldo” su piel. La mayor ventaja de Pedro Sánchez es que hay una confluencia de intereses de muchos sectores dispuestos a darle oxígeno: le empujan a mantenerse como sea, y a cambio le ponen tantas condiciones que es dudoso que pueda atenderlas todas y al mismo tiempo.
Y, lo más difícil de superar: el inevitable olor a corrupción que por culpa de unos canallas (“sus canallas”) ha impregnado Ferraz, desde el sótano hasta el ático.