editorial
Sánchez está ya condenado, solo falta saber cuándo caerá
Sánchez, aferrado al poder, puede optar por prolongar la agonía, pero cada día que pasa agrava la crisis del PSOE

El presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez
El informe de la UCO que ha precipitado la dimisión de Santos Cerdán marca un punto de inflexión: es la partida de defunción del sanchismo. Pedro Sánchez, antaño maestro de la supervivencia política, es hoy un cadáver político sin conejos en la chistera. Su liderazgo, sostenido por malabares y pactos controvertidos, se desmorona bajo el peso de la corrupción que salpica su entorno. La pregunta ya no es si caerá, sino cuándo.
Sánchez, aferrado al poder, puede optar por prolongar la agonía, pero cada día que pasa agrava la crisis del PSOE. Su historial demuestra que siempre ha antepuesto su interés personal al del partido o al del país. Sin embargo, el tiempo de las maniobras se agota. La revuelta interna, que ya no es un rumor, sino un murmullo creciente, podría ser la única salida para un partido que ve cómo el lodazal del sanchismo amenaza con hundirlo. No son solo las voces de siempre, como las de Page o Lambán, las que resuenan. Otros líderes, incluidos candidatos a alcaldías y autonomías, empiezan a alzar la voz, conscientes de que la sombra de la corrupción puede arrastrarlos en las urnas.
El PSOE se encuentra en una encrucijada. Cuanto más tarde Sánchez en asumir lo irremediable, peor será el panorama para un partido que necesita urgentemente renovarse para no pagar un precio electoral devastador. Los tambores de guerra suenan cada vez más fuerte, y las críticas, que antes se susurraban en los pasillos, ahora se pronuncian en alto. El sanchismo, que se vendió como una etapa de audacia y resistencia, se revela ahora como un lastre insostenible.
Sánchez está condenado. Puede retrasar su caída, pero no evitarla. La historia no perdona a quienes se aferran al poder ignorando la realidad. El PSOE debe decidir si permite que su líder lo arrastre al abismo o si, por el contrario, actúa con valentía para abrir una nueva etapa. El reloj no se detiene, y el tiempo juega en su contra.