editorial
Sánchez, proxeneta de la política: se beneficia también de los que venden sus votos
El caso de Carles Puigdemont y Junts es el ejemplo más obsceno. El líder independentista, fugado de la justicia, negocia su apoyo parlamentario a cambio de prebendas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un pleno extraordinario, en el Congreso de los Diputados
Pedro Sánchez ha perfeccionado el arte de la supervivencia política, pero su hipocresía y falta de principios lo delatan. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, lo acusó sin ambages en el Congreso: “¿Pero con quién está viviendo usted? ¿Pero de qué prostíbulos ha vivido usted? Partícipe a título lucrativo del abominable negocio de la prostitución”. Estas palabras, en referencia a los negocios atribuidos al padre de Begoña Gómez, esposa de Sánchez, resuenan con fuerza. Lo grave no es solo la acusación, sino que ni Sánchez ni el PSOE han ofrecido un desmentido, por la sencilla razón de que es cierto todo.
Sánchez, que presume de feminismo y aboga por abolir la prostitución, carece de toda credibilidad. ¿Cómo puede liderar esa cruzada mientras las sombras de lucro personal lo persiguen? Su discurso progresista se derrumba ante un pragmatismo sin escrúpulos. Pero más allá de estas acusaciones, que la justicia debe esclarecer, Sánchez actúa como un proxeneta político, o al menos como un cliente de quienes venden sus votos al mejor postor.
El caso de Carles Puigdemont y Junts es el ejemplo más obsceno. El líder independentista, fugado de la justicia, negocia su apoyo parlamentario a cambio de prebendas: amnistía, privilegios fiscales para Cataluña y una tolerancia inaceptable hacia el procés. Sánchez, lejos de rechazar este mercadeo, lo abraza para aferrarse a La Moncloa. No es el único: el resto de socios, desde ERC hasta Bildu, se deja manosear y manipular por Sánchez a cambio de un precio acordado que cada vez es mayor. Es un trueque donde todos ganan: ellos venden su alma política y Sánchez compra su estabilidad.
España, como afirmó Feijóo, “necesita un presidente honrado y éste no lo es”. La hipocresía de Sánchez, que quiere “ilegalizar su biografía” mientras se lucra de votos prostituidos, es insostenible. Los españoles merecen un Gobierno decente, no un líder que comercia con principios y se beneficia de la degradación política.