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Los aranceles de Trump ya son una realidad: amenaza con un 35% si la UE no invierte y las empresas españolas, entre la resignación y el golpe

Este jueves han entrado en vigor los nuevos aranceles punitivos contra cerca de 90 países en el punto álgido de una guerra comercial que ya empieza a tener consecuencias en la economía estadounidense. El presidente celebra la llegada de “miles de millones” a EE.UU., mientras Bruselas rechaza sus amenazas de subir aún más los gravámenes si no se cumplen promesas de inversión.

El presidente de EEUU, Donald Trump.

El presidente de EEUU, Donald Trump.Samuel Corum - Pool via CNP

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Raúl Puente

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La guerra comercial iniciada por Donald Trump ha dado este jueves un paso primordial: ya han entrado en vigor los nuevos aranceles impulsados por la Casa Blanca contra unos 90 países, en una medida sin precedentes desde la década de 1930. Las nuevas tasas, que alcanzan niveles históricos, se traducirán en un aumento promedio del 18,3% en el coste de los productos importados por Estados Unidos, lo que probablemente terminará repercutiendo tanto en consumidores como en empresas.

La medianoche marcó el inicio de esta nueva etapa comercial, que el propio Trump celebró en su red social con tono triunfalista: “Miles de millones, procedentes sobre todo de países que se han aprovechado de Estados Unidos durante muchos años, empiezan a llegar”. Y añadió, en mayúsculas, su advertencia habitual contra “el tribunal radical de izquierda” que podría frenar estas políticas.

Las cifras hablan por sí solas: según cálculos de organismos no partidistas, Estados Unidos no había soportado una carga arancelaria de esta magnitud desde hace casi un siglo. A corto plazo, algunas empresas están absorbiendo el golpe, pero los expertos coinciden en que el aumento de costes acabará trasladándose a los consumidores. Especialmente afectadas están las industrias relacionadas con la automoción, que ya han comenzado a ajustar sus márgenes. El impacto generalizado aún está por calibrarse, pero las previsiones no son alentadoras.

Bruselas contesta: las inversiones no son un compromiso vinculante

Mientras tanto, al otro lado del charco, la Unión Europea sigue buscando un acuerdo entre los 27 países mientras soporta las amenazas que llegan del excéntrico líder norteamericano. La principal: elevar del 15% al 35% los aranceles si el bloque comunitario no cumple con una promesa de inversiones en Estados Unidos por valor de 600.000 millones de dólares hasta 2028.

La Unión Europea no ha tardado en responder a las presiones del mandatario estadounidense y han querido aclarar este mismo jueves que esas cifras son solo “intenciones” y que no existe ningún compromiso legal al respecto. “El compromiso claro es el relativo a los aranceles”, explicó Olof Gill, portavoz europeo de Comercio. “Las cifras de inversión no son vinculantes. La Comisión no tiene la facultad, ni la buscaría, de imponer algo así”, añadió en una rueda de prensa en Bruselas.

El pacto alcanzado a finales de julio entre Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fijaba un arancel máximo del 15% para productos europeos, una rebaja frente al 30% inicial que proponía Washington. Pero Trump ha advertido que ese 15% solo se mantendrá si se cumple con el plan de inversiones.

Ursula Von der Leyen y Donald Trump en una reunión en 2020.

Ursula Von der Leyen y Donald Trump en una reunión en 2020.Europa Press

Desde Bruselas, se insiste en que el acuerdo fue fruto de un ejercicio de buena fe y que, pese a no ser perfecto para ninguna de las partes, evitó una escalada comercial más destructiva. No obstante, también se recuerda que las medidas suspendidas por parte de la UE podrían reactivarse “en cualquier momento”.

España, resignada ante el golpe: agroalimentario e industrial, los más dañados

En España, la entrada en vigor de los nuevos aranceles se ha recibido con una mezcla de resignación y temor. Aunque el acuerdo entre Trump y Von der Leyen logró excluir ciertos “productos estratégicos”, muchos sectores clave para la economía española están en el punto de mira.

Según la Cámara de Comercio, la aplicación de un arancel general del 15% puede reducir las exportaciones españolas a EE.UU. en más de 1.800 millones de euros al año, lo que supondría una caída del 10,1%. Si Trump eleva el gravamen al 35%, el daño podría ser aún más profundo.

El presidente del Club de Exportadores e Inversores, Antonio Bonet, ha señalado en declaraciones a la agencia EFE que, aunque el pacto “podía ser mejor”, ha evitado “una guerra comercial con consecuencias malísimas”. También ha destacado la importancia de reducir la incertidumbre para que las empresas puedan planificar sus operaciones.

Aceite, vino, biodiésel y maquinaria, entre los productos más golpeados

Un informe de Banco Santander alerta de que productos emblemáticos como el aceite de oliva, el vino, el jamón serrano o las aceitunas negras han sido incluidos en las listas arancelarias, comprometiendo seriamente su competitividad en el mercado estadounidense.

En el sector industrial, las exportaciones de maquinaria y bienes de equipo, especialmente desde regiones como el País Vasco, Navarra o Cataluña, ya muestran signos de ralentización. Algunos pedidos han sido cancelados o suspendidos por la incertidumbre arancelaria.

Por su parte, el biodiésel refinado —clave en el sector energético español— pierde terreno frente a la producción interna de EE.UU., que cuenta con subsidios e incentivos medioambientales. El sector químico también comienza a sufrir restricciones adicionales, tanto arancelarias como regulatorias, afectando productos como fertilizantes técnicos y cosméticos de base vegetal.

¿Y ahora qué? La incertidumbre como norma con Donald Trump

Mientras continúan las negociaciones entre Bruselas y Washington para definir la “letra pequeña” del acuerdo político, la falta de un marco legalmente vinculante mantiene a las empresas en vilo. Aunque el objetivo europeo es mantener el techo del 15% arancelario para sectores clave como el farmacéutico, el de semiconductores y el automovilístico, las amenazas de Trump ponen en duda la estabilidad del pacto.

Por ahora, las cartas están sobre la mesa. Trump juega con presión y populismo económico, Bruselas responde con tecnocracia y prudencia, y las empresas, desde ambos lados del Atlántico, esperan que la política no termine arruinando su negocio.

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