'González porn'
González Pons sube la temperatura del verano con sus "pechos alabastrinos"
El eurodiputado popular sorprende con un artículo con metáforas corporales, evocando imágenes estivales y confesiones sexuales que desatan sonrisas y comentarios jocosos en tertulias, redes sociales y hasta en su propio partido

Esteban González Pons
En su estreno como columnista en El País, Esteban González Pons ha optado por un registro poco habitual para un político en activo. Su pieza, titulada Pechos alabastrinos, mezcla confesiones íntimas, recuerdos veraniegos y pasiones adolescentes que han provocado sorpresa y cierta sonrisa cómplice entre los lectores. "Hoy publico un cuento en El País. Para evitar equívocos los cuentos son ficción, aunque en España no lo parezca", ha señalado el político en sus redes sociales ante el revuelo causado.
El eurodiputado del Partido Popular sitúa la acción en 1968, cuando recibía clases de inglés en verano y le encandiló la joven profesora que contrató su madre: "Tenía la piel inocente y pecosa, los ojos azul marino y una delgadez frágil, no enfermiza, tampoco mística, como de hada artúrica". Pero lo que más le impresionó, según admite, fue "su notable pecho, desproporcionado para aquel cuerpo etéreo de mujer ángel".
El relato avanza con el propio González Pons convertido en protagonista adolescente, atrapado "en la contradicción de arder de deseo y, a la vez, idolatrarla como a una santita intocable". El texto, a medio camino entre diario íntimo y novela de iniciación, culmina con que le compuso una pieza literaria que le entregó a su profesora de inglés titulado, precisamente, Pechos alabastrinos.
La narración se torna aún más atrevida cuando el hoy portavoz del PP en Bruselas recuerda el éxito de aquel escrito: la profesora le dejó tocar su pecho bajo el sostén. "Desde entonces, todas las lecciones las recibí con la mano escondida en su blusa, la palma sobre uno de los pezones, subiendo y bajando al ritmo de su respiración". Y añade, sin rodeos: "A ella la sonrisa dulce le duró todo el veraneo y a mí la erección también".
Un final rompedor
El artículo concluye con un guiño literario. Décadas después, hace apenas unos días, González Pons se topó en una librería con un libro titulado igualmente Pechos alabastrinos. "Mi hija tuvo que recogerme del suelo porque me mareé", escribe. Y lanza su propio mensaje: "Lo publico como un mensaje en una botella lanzada al océano. Hay amores de verano que permanecen como paraísos perdidos. El nuestro, ahora lo sé, fue de esos".
El resultado ha sido tan sorprendente como inesperado: un político de verbo serio en la tribuna europea que, de repente, se ha revelado como narrador de pasiones juveniles, capaz de mezclar la conjugación del To Be con el despertar del deseo.