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Se señala un sistema de silencios y complicidad

La ONU analiza la denuncia sobre la vulneración de derechos de una agente de la Guardia Civil

La AUGC ha denunciado ante la ONU un caso de violencia sexual, acoso laboral y maltrato continuado en la Guardia Civil, donde una agente fue abandonada por la institución frente a su agresor, condenado a 19 años. 

Agentes de la Guardia Civil.

Agentes de la Guardia Civil.AUGC

David González
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Un caso de violencia sexual, acoso laboral y maltrato continuado en la Guardia Civil ha cruzado fronteras hasta llegar a Naciones Unidas. La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha presentado una denuncia ante la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) de la ONU, exponiendo el calvario de una agente a manos de un superior, condenado a 19 años de prisión por el Tribunal Supremo. Pero el foco no está solo en el agresor: la AUGC señala un sistema institucional que dejó a la víctima en total desamparo, destapando fallos estructurales que cuestionan la protección de las mujeres en las Fuerzas de Seguridad.

La agente sufrió abusos de un superior jerárquico, pero la respuesta de la Guardia Civil fue aún más demoledora: silencio absoluto. A pesar de las denuncias internas, los informes redactados por mandos y los testimonios de compañeros que alertaban de los hechos, nadie movió un dedo. El protocolo contra el acoso, diseñado para amparar a las víctimas, nunca se activó. Las autoridades optaron por cerrar los ojos, abandonando a la agente a su suerte frente a su agresor.

La AUGC denuncia un incumplimiento descarado de normativas clave destinadas a proteger a las víctimas, como la Ley Orgánica contra la violencia de género, que exige actuar de oficio ante cualquier indicio de abuso, o la Ley del Estatuto de la Víctima del Delito, que garantiza protección, asistencia y reparación. Los protocolos internos de la Guardia Civil, que podrían haber mitigado el daño, quedaron en el olvido. A día de hoy, la víctima no ha recibido indemnización alguna, ni del agresor ni de la institución, señalada como responsable subsidiaria por el Supremo.

Una red de silencios y complicidad

El caso saca a la luz una cadena de omisiones que trasciende el delito de un individuo. Mandos y agentes de la Unidad Central Operativa (EMUME), pero no intervinieron. Las denuncias internas fueron archivadas sin apenas investigación. Compañeros que intentaron alzar la voz fueron presionados y señalados. Una cultura institucional que desacredita a las víctimas y fomenta el silencio multiplicó el sufrimiento de la agente, atrapada en un sistema que parecía proteger al agresor.

Harta de la inacción, la AUGC ha llevado el caso a la ONU, exigiendo reparación inmediata para la víctima, una reforma urgente de los protocolos de acoso con supervisión externa independiente y fuera de la cadena de mando, y que los casos de violencia de género sean juzgados por tribunales civiles, sin influencias militares. También reclama el reconocimiento internacional de que este caso viola los derechos fundamentales de las mujeres en las Fuerzas de Seguridad y que se depuren responsabilidades por la pasividad ante un delito tan grave.

Para la AUGC, este escándalo no es un hecho puntual, sino el reflejo de una estructura jerárquica que ampara la impunidad y abandona a las mujeres. La denuncia ante la ONU busca presionar al Estado español para que cumpla con sus obligaciones en materia de igualdad y lucha contra la violencia de género. Este caso, que ha puesto a la Guardia Civil en el ojo del huracán internacional, podría marcar un antes y un después. La AUGC no parará hasta garantizar justicia y un cambio profundo que asegure que ninguna mujer vuelva a sufrir en silencio dentro de la institución.

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