Moncloa cambia proveedores israelíes por chinos: nuevo giro oportunista del PSOE
El Gobierno da órdenes para sustituir en todos los ministerios la tecnología israelí por empresas asiáticas, en otro capítulo de su alianza con Pekín tras las críticas sobre Huawei y la mediación del inefable Zapatero

La portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, tras un Consejo de Ministros
El Gobierno ha dado una nueva vuelta de tuerca en su política internacional al ordenar a todos los ministerios que dejen de trabajar con compañías israelíes y las sustituyan por proveedores de China. Una decisión que, lejos de responder a criterios de mercado, alimenta las críticas por la creciente sumisión del Ejecutivo a los dictados de Pekín.
La medida se ha filtrado como una instrucción directa desde Moncloa y, según fuentes conocedoras, afecta a todos los contratos públicos. Lo que antes eran relaciones comerciales diversificadas, ahora se convierte en un trasvase programado hacia empresas vinculadas a un régimen que controla desde las materias primas hasta el flujo digital global.
No es casualidad que, mientras se veta a Israel, la alianza con el régimen de Xi Jinping florezca con entusiasmo. Ya no se trata solo de las sospechas de cesión tecnológica con Huawei o de la entusiasta “diplomacia de la seda” que Zapatero y Sánchez han acariciado en público. Ahora se traduce en sustituciones reales y tangibles.
Desde la oposición llevan meses señalando lo obvio: la supuesta defensa de los derechos humanos que blanden socialistas y sus socios del "escudo social" en foros internacionales se convierte en papel mojado cuando la alternativa a Israel es un régimen señalado por censura, represión y explotación laboral. Eso sí, con contratos millonarios de por medio.
El Ejecutivo, sin rubor, argumenta que se trata de “una decisión pragmática” en el marco de la crisis de Oriente Medio. Pero la realidad apunta a otra dirección: convertir la política exterior en una moneda de cambio que refuerce el papel de Sánchez como socio preferente de Pekín en Europa.
Lo llamativo no es solo la falta de transparencia, sino la absoluta desconexión con los intereses estratégicos de España. Mientras Bruselas advierte de la dependencia del gigante asiático, Sánchez parece decidido a poner la alfombra roja. Y de paso, a sustituir a unos por otros con un sesgo político que roza lo grotesco.
Ya no es solo si este Gobierno defiende los intereses de España, sino hasta dónde está dispuesto a hipotecarlos con tal de mantener sus equilibrios internacionales. En esta ocasión, el precio lo pagarán los proveedores españoles, que podrían haber asumido la carga de trabajo con la decisión de la salida de los israelíes que ven de nuevo cómo se cierra una puerta… mientras se la abren de par en par a Pekín.