reunión en perpiñán
Puigdemont le pide el divorcio a Sánchez: Junts rompe con el PSOE en el Congreso pero no le hace caer
La ejecutiva del partido independentista acuerda por unanimidad la ruptura pero no habla de moción de censura, aunque sin el apoyo parlamentario los Presupuestos son imposibles de aprobar y el Gobierno se queda sin mayoría para sacar adelante leyes.
Ejecutiva de Junts con Carles Puigdemont
Se acabó el idilio. La ejecutiva de Junts ha decidido por unanimidad romper con Pedro Sánchez, siguiendo las directrices de Carles Puigdemont, que desde su reunión en Perpiñán ha trasladado el mensaje sin ambigüedades: la alianza con el PSOE está muerta. La dirección del partido, reunida durante más de tres horas, ha acordado los términos del divorcio político con los socialistas, que deberá ser ratificado por la militancia. A las 17:00 está prevista una comparecencia pública para escenificar la ruptura y ofrecer los detalles de una decisión que puede sacudir los cimientos del Gobierno central.
En el encuentro, celebrado desde las 10:30 en Perpiñán, la cúpula neoconvergente ha debatido cómo romper y hasta dónde llegar. La decisión no se ha tomado a la ligera, pero sí con unanimidad. El argumento oficial de Junts es los reiterados incumplimientos del PSOE. Entre los reproches destacan la no aplicación efectiva de la Ley de Amnistía a Puigdemont, el bloqueo del catalán como lengua oficial en Europa y la falta de avances en la cesión de competencias en materia de inmigración.
“Es insostenible seguir sosteniendo a un Gobierno que promete y no cumple”, defienden desde el entorno de Puigdemont. El momento no es casual. Junts ha elegido precisamente el octavo aniversario de la declaración unilateral de independencia para anunciar su ruptura. Un gesto de alto valor simbólico para el independentismo, que quiere mirar a Puigdemont como su guía político frente al avance de Sílvia Orriols. El mensaje es claro: la fase de colaboración con Madrid ha terminado. Empieza otra etapa, más de confrontación.
La ruptura pone fin a un pacto sellado en Bruselas hace casi dos años, cuando Junts vendió su apoyo a la investidura de Sánchez a cambio de la amnistía y otras concesiones. Ahora, ese acuerdo se da por roto. Los posconvergentes acusan al presidente del Gobierno de haber jugado con el independentismo para sobrevivir políticamente, y de haber traicionado las expectativas de sus socios catalanes.
Pero detrás de la ruptura no solo hay razones ideológicas o institucionales. También pesa la estrategia electoral. Las encuestas en Cataluña muestran que Junts empieza a perder terreno frente a Aliança Catalana, el partido de Sílvia Orriols, que ya roza la representación de los de Puigdemont en algunos sondeos. La formación de corte identitario y discurso más radical ha agitado las bases del independentismo con un mensaje claro: “Madrid no entiende más que el desafío.”
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Con esta decisión, Puigdemont se coloca otra vez en el centro del tablero político. Desde su fuga, busca recuperar el liderazgo del independentismo frente al crecimiento de Sílvia Orriols, marcar distancia con ERC y volver a tensar la cuerda con Madrid. Su objetivo es doble: castigar a Sánchez por incumplir y reconstruir su propio relato heroico de resistencia. El divorcio, además, amenaza con dejar a Sánchez sin mayoría estable en el Congreso, pero no habla de moción de censura que sería apartarle de Moncloa. Eso sí, sin el apoyo parlamentario de Junts los Presupuestos son imposibles de aprobar y el Gobierno se queda sin mayoría para sacar adelante leyes.