'caso gonzález amador'

La memoria selectiva de Sánchez Acera al estilo García Ortiz: no "puede recordar" quien le filtró el correo ni conserva mensajes clave

La excargo de Moncloa intenta salvarse afirmando que ella no recibió el correo original, sino un pantallazo. Un detalle que no evita que difundirlo sea presunto delito. No ha querido desvelar quien le pasó la información y que los mensajes con Lobato ya no existen porque cambió de móvil, algo similar a lo que alegó el fiscal general cuando los investigadores le pidieron sus aparatos electrónicos para analizarlos.

La directora de gabinete del Secretario de Estado, Pilar Sánchez Acera, a su llegada la segunda jornada del juicio al fiscal general del Estado.Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

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Raúl Puente

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Este miércoles se ha celebrado la tercera sesión del juicio que se celebra en el Tribunal Supremo contra el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, por presuntamente haber filtrado la noche del 13 de marzo de 2024 a la Cadena SER el ya famoso correo relativo a Alberto González Amador y su pacto con la Fiscalía de Madrid. Tras el exlíder del PSOE en Madrid, Juan Lobato, que fue el que utilizó la filtración para atacar en la Asamblea a Isabel Díaz Ayuso no sin antes dejar claras sus dudas sobre su procedencia, le ha tocado el turno a Pilar Sánchez Acera, a la que se investiga por ser la posible filtradora.

La que por entonces era cargo de Moncloa ha comparecido como testigo a raíz de las conversaciones de WhatsApp que Juan Lobato aportó a la investigación. En dichos mensajes consta que ella le envió al entonces líder del PSOE madrileño, la mañana del 14 de marzo de 2024 (antes de que la Fiscalía publicara su nota de prensa oficial) un ‘pantallazo’ con información relativa a la pareja de la presidenta madrileña y lo animaba a usarlo contra ella.

Ese intercambio, pieza clave en la causa, ha llevado a la ex secretaria de Política Institucional del PSOE de Madrid a hasta este incómodo punto de declarar en sede judicial. En la misma ha asegurado que “nunca” recibió ese correo, fechado el 2 de febrero de 2024, y que únicamente tuvo en su poder una imagen con datos similares, sin remitente, destinatario ni fecha, un "pantallazo". Según su versión, esa imagen le llegó de un medio de comunicación, aunque no puede precisar (afirma que "no lo recuerda") cuál ni quién fue el periodista que se la remitió.

A pesar de esas lagunas, la exdirigente socialista decidió reenviar el pantallazo a Lobato pocos minutos después de recibirlo. Es decir, aunque no fuera el correo oficial, la información confidencial de González Amador la pasó a Lobato. Sin embargo, los mensajes que podrían confirmar la conversación ya no existen, aunque la misma está corroborada por parte del móvil de Lobato.

Sánchez Acera ha explicado que cambió de teléfono en septiembre de 2024, al incorporarse al Ministerio de Transformación Digital como jefa de gabinete de Óscar López. Precisamente una excusa similar esgrimió el fiscal general, Álvaro García Ortiz, cuando le pidieron sus aparatos electrónicos para analizarlos. En su caso, que se borraban los mensajes de forma cíclica por seguridad.

"No puedo recordar..."

Al ser preguntada por el nombre del medio o del periodista que le mandó el pantallazo, Sánchez Acera ha hecho gala de esa amnesia ciertamente selectiva que suele aparecer en estas ocasiones: no recuerda ni una cosa ni la otra, ni el medio ni el periodista. De hecho, llama la atención su frase: "No puedo recordar...". Un detalle que el juez desde luego no ha pasado por alto, repreguntando a Sánchez Acera con esa expresión tan específica.

Eso sí, ha querido dejar bien claro que no recibió el documento de la Fiscalía General del Estado ni del abogado Carlos Neira, autor del correo original. La falta de pruebas y la ausencia de detalles sobre la fuente han dejado su testimonio lleno de incógnitas. Preguntada sobre si verificó la autenticidad de la imagen, ha reconocido que no lo hizo: "Veo que lo que hay dentro se corresponde con lo que se ha ido difundiendo".

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Su declaración, lejos de aclarar el origen de la filtración (por eso ha sido citada), mantiene en el aire y en duda la respuesta que, en caso de confirmarse, establecería la clave: quien fue el primero que filtró el correo o la información del mismo. Sin embargo, los implicados parecen los últimos en querer poner luz al asunto.