El PSOE se lía: Moncloa cierra el caso Salazar mientras Ferraz sostiene que sigue abierto
El Gobierno asegura que no existen diligencias internas y da el asunto por concluido, pero la dirección del partido insiste en que el expediente disciplinario continúa su curso sin resolución definitiva
Paco Salazar, sobre el que recaen duras acusaciones de mujeres.
El caso Salazar se ha convertido en un nuevo frente interno para el PSOE. Mientras el Gobierno, a través de La Moncloa, sostiene que el asunto está cerrado y que no consta investigación alguna en sus dependencias, desde la sede de Ferraz se transmite una versión opuesta: el expediente sigue abierto y aún no hay decisión final.
El caso contra Paco Salazar, señalado como 'fontanero' de Pedro Sánchez, se originó por denuncias presentadas en el seno de la empresa pública donde ejercía funciones directivas, en las que se le acusa de acoso sexual a sus subordinadas. Las querellas detallan comportamientos repetidos de intimidación, comentarios inapropiados y abuso de poder. Aunque ninguna sentencia firme se ha dictado todavía, esas acusaciones motivaron la apertura de un expediente interno en el partido.
Fuentes del Ejecutivo explican que el nombre de Paco Salazar, ex diputado socialista, no figura en ningún procedimiento de revisión o indagación interna. “No hay diligencias abiertas ni actuaciones en marcha”, sostienen desde Presidencia, dando así por zanjada la cuestión. En consecuencia, Moncloa considera que el caso no requiere nuevas comprobaciones ni seguimiento adicional.
Sin embargo, la dirección socialista mantiene otra postura. Responsables del área disciplinaria de Ferraz confirman que el expediente sigue su tramitación, amparado en los protocolos internos del partido. Según esas fuentes, el procedimiento “no está archivado” y continúa en fase de estudio para determinar si las actuaciones atribuidas a Salazar merecen sanción o exoneración.
La contradicción entre ambas sedes —Gobierno y partido— ha generado desconcierto entre los cuadros socialistas y alimenta la sensación de descoordinación en un momento especialmente delicado para la imagen del PSOE.
El caso Salazar pone de relieve las tensiones en la cúpula socialista respecto a la aplicación de sus propios protocolos. Mientras el Ejecutivo busca dar por concluido el episodio para evitar desgaste, Ferraz intenta proyectar rigor disciplinario y transparencia, dos valores que el partido reivindica en su discurso público de feminismo.
La gestión de este caso vuelve a exponer la distancia —cada vez más evidente— entre la sede del Gobierno y la dirección del partido, una grieta que preocupa dentro del socialismo y que vuelve a poner sobre la mesa la pregunta de fondo: ¿quién manda realmente en el PSOE?