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La trabajadora de la Secretaría de Organización del PSOE, Celia Rodríguez, a su salid del Tribunal Supremo, a 29 de octubre de 2025, en Madrid (España). 

La trabajadora de la Secretaría de Organización del PSOE, Celia Rodríguez, a su salid del Tribunal Supremo, a 29 de octubre de 2025, en Madrid (España). Alejandro Martinez Velez

Demoledor testimonio ante el Supremo: sobres, metálico y oscurantismo en la era Ábalos

La declaración de una empleada del PSOE destapa un caos absoluto en los pagos internos del partido y empuja al juez a remitir el caso a la Audiencia Nacional

Luis Sordo
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Nuevo terremoto en la sede de Ferraz. Los audios de la declaración judicial de Celia Rodríguez, empleada del Partido Socialista, han desatado un auténtico vendaval en el seno del PSOE. Su testimonio ha sido calificado en fuentes judiciales como “demoledor” y “sumamente preocupante” por la opacidad que refleja en el manejo del dinero del partido durante la etapa de José Luis Ábalos.

Según sus propias palabras, los pagos en metálico se habrían mantenido hasta finales de 2021, pese a que el partido aseguraba públicamente haber abandonado esas prácticas años atrás. Un dato que, de confirmarse, desmontaría la versión oficial ofrecida por la dirección socialista y abriría un nuevo frente judicial.

“Dejamos de pagar en metálico a finales de 2021… creo que no, no recuerdo”, declaró Rodríguez ante el juez Leopoldo Puente, instructor en el Supremo, en una declaración plagada de titubeos y contradicciones.

Sobres, mensajeros y un chófer con poder

El relato de Rodríguez no solo siembra dudas, sino que dibuja un panorama caótico en la gestión económica interna del PSOE. Según la testigo, los pagos se realizaban “a quien viniera a recogerlos”: Koldo, su mujer, mensajeros o incluso personas enviadas por ellos.

“Normalmente venía Don Koldo a recogerlo todo. Si estaba el señor Ábalos, se lo entregaba. Si no, venía koldo, su esposa Patricia, o quien ellos mandaran”Celia Rodríguez

Koldo —oficialmente chófer de Ábalos— aparece nuevamente en el epicentro de la trama. Su papel, según el testimonio, iba mucho más allá del de simple conductor: recogía sobres con dinero, gestionaba facturas y daba órdenes en nombre del ministro.

Facturas sin control y gastos sin autor

El juez Puente no disimuló su perplejidad ante semejante cúmulo de irregularidades. En un momento de la declaración, llegó a preguntar cómo se podía ejercer control alguno sobre los gastos si ni siquiera se identificaba a las personas que los realizaban.

¿Qué control se podía hacer si no se sabía quién hacía los gastos?”, insistió el magistrado.

No lo sé. Yo recibía las facturas y hacía lo que me decían”, respondió Rodríguez.

El resultado: un sistema opaco, sin trazabilidad ni control interno, en el que los sobres en metálico y las órdenes verbales eran la norma. Según el propio juez, el desorden era de tal magnitud que “resulta imposible determinar la autoría y justificación de los pagos”.

Del Supremo a la Audiencia Nacional

Ante la gravedad de lo revelado, el juez Puente decidió remitir la causa a la Audiencia Nacional, que ya ha abierto una pieza separada para investigar los hechos. El magistrado habría expresado su “extrañeza” y “serias dudas” sobre la gestión económica del PSOE, especialmente durante la etapa en la que Santos Cerdán —actual número tres del partido— y Ábalos compartían responsabilidades orgánicas.

Un movimiento judicial que añade presión a una dirección socialista cada vez más cercada por los escándalos: el “caso Ábalos”, el “caso Koldo”, y ahora, la sombra del dinero en sobres en pleno corazón de Ferraz.

El PSOE, enredado en sus propias versiones

No es la primera vez que el PSOE cambia su versión sobre los pagos en metálico. Primero lo negó tajantemente. Más tarde, reconoció haber abonado más de un millón de euros en efectivo. Ahora, el testimonio de Rodríguez vuelve a ponerlo todo en cuestión: ¿se siguió pagando en sobres hasta 2021?

Silencio absoluto en la sede socialista. Ninguna explicación oficial. Ningún documento aclaratorio. Solo un creciente malestar interno y la sensación de que, en Ferraz, alguien sigue sin querer contar toda la verdad.

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