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Íñigo Errejón, al banquillo por la presunta agresión sexual a Elisa Mouliaá con el silencio de las feministas de Sumar

El juez procesa al ex portavoz de Yolanda Díaz y fundador de Podemos y Más Madrid por un delito de agresión contra la actriz mientras el feminismo de la izquierda mira hacia otro lado

Iñigo Errejón.

Iñigo Errejón.Europa Press

Enrique Martínez Olmos

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El juez Adolfo Carretero ha acordado procesar al exdiputado y exportavoz de Sumar en el Congreso, Íñigo Errejón, por un presunto delito de agresión sexual contra la actriz Elisa Mouliaá. Una resolución demoledora que empuja al que fuera fundador de Podemos y de Más Madrid directamente hacia el banquillo, mientras las grandes voces del feminismo de la formación de Yolanda Díaz y del PSOE mantienen un silencio atronador sobre el caso.

El magistrado del Juzgado de Instrucción nº 47 de Madrid Adolfo Carretero considera que existen indicios suficientes para seguir adelante contra Errejón. Nada de archivo, nada de carpetazo: el procedimiento avanza y lo hace con firmeza. El líder de Sumar y de Podemos que llenó platós sermoneando sobre feminismo se enfrenta ahora a una causa penal por el delito más grave contra una mujer. Y desde el Gobierno que presume de “feminismo de vanguardia”, ni una palabra

La denunciante es la actriz Elisa Mouliaá, conocida por su trayectoria televisiva, que decidió acudir a los tribunales tras un episodio ocurrido, según su denuncia, en 2021. La Justicia la ha escuchado. Su caso avanza. Y el auto del juez Adolfo Carretero deja claro que la denuncia no era, ni mucho menos, un simple ruido mediático: hay materia, hay indicios y hay proceso para Errejón.

Mientras el juez mueve pieza, desde Sumar reina el mutismo absoluto. Las ministras, secretarias de Estado y portavoces que llenan discursos y pancartas con el “yo sí te creo” han optado por el silencio estratégico en el caso Errejón. La vara de medir cambia cuando el acusado es uno de los suyos. No hay tuits, no hay condenas preventivas, no hay indignación y no hay sororidad con Elisa Mouliaá. El caso deja al descubierto lo que muchos denunciaban: la maquinaria feminista gubernamental del PSOE y sus socios sólo funciona a pleno rendimiento cuando el acusado pertenece al adversario. Cuando el señalado es alguien del “círculo progre”, todo se apaga.

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