caso koldo
Ábalos no es el único: la fiscalía pide 19 años de cárcel para Koldo y 7 para Aldama por su "confesión" y colaboración
La Fiscalía sitúa a Koldo García y a Víctor de Aldama en el corazón de la trama de las mascarillas: uno moviendo los hilos desde la sombra del poder, el otro manejando el dinero y las comisiones. Dos nombres que pasan de la discreción al centro del escándalo que amenaza con reventar la versión oficial.

Koldo García y Víctor de Aldama declarando en comisiones de investigación.
Mientras el caso Ábalos sacude otra vez el tablero político, en la sombra aparecen dos nombres que, según la Fiscalía, fueron mucho más que simples colaboradores: Koldo García y Víctor de Aldama. Dos figuras que, lejos de actuar como secundarios, habrían tejido el andamiaje imprescindible para que la supuesta red de comisiones prosperara sin resistencia.
Koldo García: el hombre que abría puertas… y que sabía dónde estaban todas
Para Anticorrupción, Koldo no era un asesor discreto, sino el operador clave. El hombre que movía hilos, que hablaba con quien había que hablar y que ejecutaba, sin preguntar, aquello que beneficiaba a su círculo. Su gran poder no era el cargo, sino la proximidad al ministro, que le convertía —según el relato fiscal— en la persona capaz de allanar cualquier gestión.
Koldo habría sido el encargado de presionar, intermediar y lubricar los contratos en plena pandemia. Un “gestor” que, según el Ministerio Público, actuaba como la vía directa entre la Administración y quienes querían hacer negocio rápido con material sanitario… aun cuando ese negocio implicara comisiones ilegales.
De él se pide una de las mayores penas: 19 años y medio de prisión. No por azar. Según el escrito fiscal, su papel fue estructural, imprescindible para que la maquinaria funcionara.
Víctor de Aldama: el comisionista que manejaba las cifras y abría la caja
En el otro extremo de la cadena está Víctor de Aldama, el empresario que habría puesto el músculo económico y corporativo. Si Koldo abría puertas, Aldama —siempre según la Fiscalía— aportaba empresas, contactos y fondos. El comisionista perfecto para un sistema donde cada contrato era una oportunidad y cada oportunidad tenía un precio.
Aldama habría pagado mensualmente a Koldo por sus “gestiones”, asegurándose así el acceso a contratos millonarios. De él, la Fiscalía pide 7 años de cárcel y una multa de 3,7 millones de euros, una cifra que intenta recuperar los beneficios obtenidos en la operación. Una petición sustancialmente menor que las realizadas para Ábalos y Koldo porque valora su "confesión" y colaboración con la justicia.
De hecho, afirma que "se tratan de manifestaciones relevantes, veraces, que se compadecen con el material probatorio que se ha ido incorporando al procedimiento". Es decir que, a pesar de que la estrategia del PSOE siempre ha sido desacreditar a Aldama, la realidad es que sus pruebas y colaboración han tenido gran parte de culpa en que tanto Ábalos como Cerdán, los dos últimos secretarios generales socialistas, hayan sido del todo descubiertos.
Su supuesta función: cerrar el círculo. Hacer que el dinero fluyera, que las adjudicaciones encajaran y que los contratos se justificaran. Todo ello envuelto en un aura de éxito empresarial que ahora, a ojos del Supremo, se parece más a un negocio paralelo de favores y comisiones.
La trama vista desde dentro: engranajes, no comparsas
Lo llamativo de esta causa es que ni Koldo ni Aldama aparecen como satélites, sino como columnas maestras. No fue —según los investigadores— un simple caso de “aprovechados en tiempos de pandemia”, sino un sistema organizado, una estructura en la que cada pieza sabía exactamente su lugar.
El relato de la Fiscalía no duda:
- Koldo ponía la influencia.
- Aldama ponía el dinero.
- Y juntos, siempre según la acusación, abrían paso a contratos urgentes que dejaban más comisiones que mascarillas.
Lo que viene ahora
Con el escrito del Ministerio Público ya sobre la mesa, la pelota está en el tejado del Supremo. Pero si algo parece claro es que este no es un caso más: es una historia donde dos hombres, hasta hace poco desconocidos para el gran público, se han convertido en piezas clave de una supuesta red que promete seguir generando titulares… y consecuencias.