caso koldo
Alsina sacude Moncloa con su “doctrina gubernativa” tras la acusación de Ábalos sobre la reunión secreta Sánchez–Otegi
La acusación de José Luis Ábalos sobre una reunión secreta entre Pedro Sánchez y Arnaldo Otegi en 2018 ha desatado una tormenta política que Moncloa intenta sofocar. Mientras el Gobierno niega en bloque, Carlos Alsina aviva el incendio con su irónica “doctrina gubernativa”, cuestionando la credibilidad selectiva del Ejecutivo.
Carlos Alsina, en los estudios centrales de Onda Cero.
La tranquilidad no dura demasiado en el PSOE de Pedro Sánchez. Y menos aún cuando el terremoto parte de alguien que conoció el corazón del sanchismo desde dentro. José Luis Ábalos —exministro, exmano derecha del presidente, hoy imputado en el Supremo por el caso Koldo y expulsado del partido que ayudó a reconstruir— lanzó ayer un misil político que ha dejado a Ferraz en shock y a Moncloa a la defensiva.
El exministro confirmó en X lo que durante años circuló como un rumor tóxico: que Sánchez mantuvo en 2018 una reunión secreta con Arnaldo Otegi, líder de EH Bildu, en un caserío vasco, para amarrar el apoyo a la moción de censura que descabalgó a Mariano Rajoy. Un encuentro que el Gobierno niega con vehemencia… pero cuya sola mención reabre viejas heridas que el PSOE nunca terminó de cerrar.
El tuit que desató la tormenta
“Solo puedo decir lo que me contaron fuentes presenciales, y es que esa reunión existió”, escribió Ábalos pocas horas antes de comparecer ante el Supremo. Un mensaje calculado, quirúrgico, que cayó en Ferraz como un obús: el exministro no aportó pruebas, pero dejó caer que lo sabe “por personas que allí estuvieron”. Y en política, a veces, la insinuación es más devastadora que los hechos.
En Moncloa reaccionaron a la velocidad del rayo. Fuentes del Ejecutivo calificaron la afirmación de “mentira” y “provocación”, acusando a Ábalos de buscar “munición” contra el Gobierno antes de su juicio. La portavoz María Jesús Montero fue incluso más allá: deslizó que la presión judicial —24 años de cárcel piden los fiscales— podría haber afectado al exministro:
“Con esa edad y esa situación, a uno se le puede ir la cabeza”, sentenció, en una frase que dentro del PSOE pocos habrían imaginado escuchar hace apenas cuatro años.
La oposición huele sangre
El PP no tardó ni minutos en sacar rédito.
“Sánchez dice que no, pero Ábalos dice que sí”, resumió el partido en un mensaje que se viralizó en redes. Un frame político perfecto para quienes llevan meses acusando al presidente de opacidad en su relación con EH Bildu.
La tensión se palpa. La pregunta ya no es si hubo o no reunión: es quién miente, y por qué.
Alsina entra en escena: la “doctrina gubernativa”
Si Ábalos encendió la mecha, Carlos Alsina la convirtió en un incendio mediático. En su matinal de Onda Cero, el periodista diseccionó con ironía la reacción del Gobierno, bautizándola como la “doctrina gubernativa de la verdad”:
- Si quien declara ante un juez es un imputado del caso Koldo, miente.
- Si quien declara es un fiscal general, un familiar del presidente o alguien cercano al poder, miente quien le acusa.
Una sátira quirúrgica que circuló por redes en cuestión de horas y que retrata —según Alsina— una estrategia del Ejecutivo para decidir qué es verdad según “quién esté en el banquillo”.
“Ayer Ferraz tembló y en Moncloa se restregaron los ojos”, resumió el locutor, aludiendo al “tuit cervatana” de Ábalos que, como un dardo envenenado, habría hecho saltar las alarmas directamente en el despacho presidencial.
Heridas de 2018 que nunca cerraron
La supuesta reunión con Otegi abre de nuevo el debate sobre las bases reales de la moción de censura de 2018. Dentro del PSOE, muchos recuerdan la operación como un acto de supervivencia política de Sánchez, impulsado por negociaciones discretas con independentistas y nacionalistas. Que Ábalos —arquitecto clave de aquella maniobra— confirme ahora la cita, aunque sea por terceros, añade una sombra de duda inquietante.
EH Bildu guarda silencio. En política, a veces, callar es decirlo todo.
Una guerra interna con nombre propio: Ábalos
Ábalos lleva meses lanzando advertencias veladas a Sánchez desde su abrupta salida del PSOE. Pero esta vez, la carga es demasiado pesada para pasar desapercibida. En Ferraz temen que el exministro utilice su posición procesal para seguir erosionando al presidente.
“¿Qué creen Ábalos y Koldo que pueden conseguir contando estas cosas?”, se preguntó Alsina.
Una pregunta que muchos en el PSOE se hacen con creciente inquietud.
Porque si algo ha quedado claro en las últimas horas es que el partido no controla ya los tiempos de esta crisis. Y que la pelota, inevitablemente, está ya en el tejado de Moncloa.