caso koldo
Diana Morant: de darse besitos con Ábalos a “su palabra no me vale nada”
Morant intenta lavar la cara del PSOE: “Tres sinvergüenzas” para tapar la podredumbre que Ferraz no vio (o no quiso ver)
Gesto cariñoso entre Diana Morant y Ábalos
La ministra de Ciencia y actual secretaria general del PSOE valenciano, Diana Morant, irrumpió anoche en La Noche 24 de RTVE con un mensaje tan pulido que parecía recién salido del departamento de comunicación de Moncloa: “Respeto absoluto a la Justicia y que todo su peso caiga sobre ellos”.
Los famosos “tres sinvergüenzas”: Ábalos, Cerdán y Koldo.
Tres nombres que, tal y como recordaba un tuit viral del usuario @GuajeSalvaje, “acompañaron a Pedro Sánchez hasta hacerse con Ferraz y luego con Moncloa”. Una tríada que fue columna vertebral del sanchismo hasta que la Justicia llamó a la puerta.
El libreto de la ministra
Vestida con un traje de cuadros blanco y negro —perfecto para representar la dualidad entre el PSOE “puro” y el PSOE “contaminado”— Morant defendió el discurso oficial: los investigados serían “aprovechados” que actuaron por su cuenta, ajenos a la dirección.
“La palabra de Ábalos para mí no vale nada. Les doy cero credibilidad”, sentenció con el aplomo de quien intenta poner distancia antes de que la onda expansiva llegue a su propio despacho. Pero la pregunta permanece:
¿cómo pasaron de ser hombres de máxima confianza a simples elementos aislados?
Titulares que incendian el plató
El montaje televisivo no pudo ser más simbólico.
Mientras Morant hablaba, en la parte inferior de la pantalla aparecían titulares de impacto:
- “Ábalos: ‘Me han traicionado’”
- “Koldo señala a la cúpula socialista en su declaración”
Morant insistía en que se trata de casos individuales. La entrevista, sin embargo, dejó la sensación de una ministra caminando por un alambre cada vez más fino, intentando sostener un relato que choca con años de fotografías, actos de campaña y reuniones en las que esos tres nombres ocupaban la primera fila del sanchismo.
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Del PSOE a la UCO: la metamorfosis
Morant pidió no comparar este escándalo con Gürtel, recordando que aquella fue “una organización criminal condenada”. Un clásico del argumentario socialista.
Pero la comparación no ha surgido solo del PP, sino de una opinión pública que se pregunta cómo un partido que presume de transparencia tardó años en reaccionar ante prácticas investigadas ahora por los tribunales.
Mientras tanto, Sánchez guarda silencio. En ocasiones, un silencio que pesa más que cualquier declaración.
Las redes, en llamas
El tuit de @GuajeSalvaje preguntando “¿Y el n.º 1 está limpio?” ha detonado una cadena de respuestas que resume el clima político:
- “Las ratas saltando del barco” (@TAO1964)
- “Esta también va a caer” (@gonz70980)
- “Tres sinvergüenzas que llevaron a Sánchez a ser secretario general” (@paubarbut07)
En el PSOE valenciano, donde Morant ejerce como líder, la presión crece. Sus críticos internos sostienen que su ascenso se cimentó con el respaldo de quienes hoy la ministra intenta desvincular del partido.
Un sanchismo sin red
El escándalo vuelve a abrir una grieta profunda en el Gobierno. Entre la amnistía catalana, los barones molestos y los juzgados avanzando en sus investigaciones, la sensación es la de un castillo de naipes que ya no aguanta otro soplo.
Morant repitió hasta la saciedad su mensaje de “respeto a la Justicia”.
Pero la ciudadanía exige algo más que declaraciones solemnes: dimisiones reales, responsabilidades políticas y claridad.
El desgaste del sanchismo no viene solo de las investigaciones, sino de la percepción de que cada crisis se gestiona con guiones prestados y culpables reciclables.
Porque, como dice el refrán, “el que a hierro mata, a hierro muere”.
Y esta vez, el hierro de la Justicia parece apuntar más allá de tres nombres propios.