El juez Villegas alerta: "Algunos políticos están encendiendo una cerilla que puede quemar la Constitución"
El magistrado y secretario general de la Plataforma Cívica por la Independencia Judicial (PCIJ) denuncia el guion que ya destruyó la justicia independiente en otros países y advierte del riesgo totalitario en España
El magistrado Jesús Villegas, secretario general de la Plataforma Cívica por la Independencia Judicial (PCIJ), ha lanzado una durísima advertencia tras la condena del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.
«Es la primera vez en la historia de nuestro país que el máximo responsable de la lucha contra la delincuencia acaba él mismo como un delincuente», subraya Villegas. «Y con ser esto muy grave, no es lo que más me inquieta».
Lo que de verdad le preocupa es la reacción de determinados dirigentes políticos. El juez señala directamente a la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, quien afirmó ante los medios que la condena de García Ortiz es «la condena de un hombre bueno que es inocente» y denunció «un ataque a la separación de poderes» en el que «determinados jueces han tomado parte».
Para Villegas, esto ya no es discrepancia legítima: «No está diciendo que los magistrados se hayan equivocado (…). Sino que da a entender que lo han hecho a posta». Es decir, «los está acusando de haber cometido un delito, un delito de prevaricación».
El paso siguiente fue aún más grave. Díaz llamó abiertamente a los ciudadanos «a la movilización en defensa de la democracia». Poco después, cientos de personas se concentraron frente al Tribunal Supremo coreando «golpistas», «fascistas» y «terroristas» contra los magistrados.
«Cuando desde el poder político se insulta a los jueces, se los acusa de cometer delitos y se jalea a la población, es lógico que surjan reacciones como las que hemos visto», denuncia Villegas, que recuerda la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea: existe «una línea roja y una barrera que no se puede saltar» cuando las críticas políticas «revisten la suficiente intensidad para ser consideradas injerencias indebidas» o «para que parezcan amenazas».
El juez advierte de que este patrón no es nuevo: «Es un guion que hemos visto en otros casos». Y cita el ejemplo de México, donde primero se señaló a jueces incómodos, después se les sometió a campañas de difamación y, cuando el clima estaba creado, se activó la maquinaria legislativa para desmantelar la justicia independiente.
«Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar», sentencia.
La alternativa que queda, según Villegas, cuando no se confía en los tribunales es clara: «Movilizar la opinión pública y que sea el pueblo directamente el que aplique la justicia». Una justicia que, como ocurrió en la China de Mao, acababa en linchamientos en la plaza pública.
«Están encendiendo una llama, una pequeña cerilla que puede terminar provocando un gigantesco incendio, quemando nuestra Constitución desde la primera hasta la última página», concluye Villegas.
Frente a esto, su mensaje a la ciudadanía es rotundo: «Mantengamos la calma. La mayoría de los españoles son gente normal que obedece la ley y vive conforme a las reglas del Estado de derecho. Y si hay una minoría de energúmenos, dejémoslos berrear. A la postre terminan haciendo el ridículo y lo que terminan evidenciando es un espíritu totalitario, es una vocación dictatorial».
«Que se quiten la máscara», remata Jesús Villegas, «y que veamos realmente el rostro que hay detrás más allá de la propaganda».