24 años después, el principal sospechoso del crimen de Helena Jubany entra en prisión
En 2025, el ADN de Santiago Laiglesia, pareja de la principal sospechosa (que se suicidó en 2002), apareció en la ropa de la víctima y ha llevado a su ingreso en prisión provisional. Por primera vez desde el crimen, la justicia avanza con indicios sólidos contra el considerado cerebro del asesinato.
Helena Jubany.
El 2 de diciembre de 2025 se cumplirán exactamente veinticuatro años del asesinato de Helena Jubany, una bibliotecaria de veintisiete años llena de vida que esa noche del 30 de noviembre de 2001 desapareció de su piso de Sabadell tras despedirse por chat de un amigo. Dos días después, su cuerpo semidesnudo apareció en el patio interior de un bloque de la calle Calvet d’Estrella. Helena había sido drogada con una cantidad brutal de benzodiacepinas que la dejó profundamente inconsciente y, desde la azotea del mismo edificio, fue arrojada al vacío. Sobre el terrado quedaron su ropa interior y exterior perfectamente doblada, mechones de pelo arrancados y varias cerillas quemadas a medias. La autopsia descartó cualquier posibilidad de suicidio.
Semanas antes del crimen, Helena había recibido dos anónimos inquietantes. El primero venía acompañado de un zumo manipulado con somníferos; el segundo contenía referencias macabras a actividades del grupo de montaña al que pertenecía, la Unió Excursionista de Sabadell (UES). La investigación apuntó desde el primer momento al círculo más cercano de esa entidad. El edificio desde cuya azotea la lanzaron era precisamente donde vivía Montserrat Careta, amiga íntima de la víctima y también socia de la UES. En el piso que Careta compartía con su pareja, Santiago Laiglesia, aparecieron cajas de Noctamid (uno de los fármacos hallados en el cuerpo de Helena), cerillas idénticas a las quemadas en la azotea y escritos de puño y letra de Careta muy similares a los anónimos.
Careta fue detenida en 2002 y tres meses después se suicidó en la prisión de Wad-Ras, dejando una nota en la que juraba su inocencia. Otra socia de la UES, Ana Echaguivel, también pasó tiempo en prisión provisional. Santiago Laiglesia, pareja de Careta y miembro del mismo grupo excursionista, fue investigado pero su causa se archivó en 2005 junto al resto del procedimiento por falta de pruebas suficientes. El caso quedó dormido durante quince años y estuvo a punto de prescribir definitivamente.
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La familia Jubany nunca dejó de pelear. En 2020, cuando el delito estaba a punto de caducar, lograron reabrir la causa. Un peritaje informático y caligráfico señaló a Xavi Jiménez, otro excursionista, como autor de los anónimos y de correos enviados a Helena con el mismo estilo amenazante. Un capítulo del programa Crims de TV3 y nuevas declaraciones de testigos volvieron a situar a Santiago Laiglesia en el centro de todas las miradas.
El cambio radical llegó en 2025. Los avances en tecnología de ADN permitieron detectar, por primera vez, trazas del perfil genético de Laiglesia en la ropa que Helena llevaba puesta la noche del crimen. Ese hallazgo, calificado de contundente por la jueza, se sumó a todo lo acumulado durante décadas: el acceso a los medicamentos, las cerillas idénticas, las versiones contradictorias que Laiglesia había ofrecido durante más de veinte años sobre dónde estuvo aquella noche y la lógica de que Montserrat Careta difícilmente pudo subir sola el cuerpo inconsciente de Helena hasta la azotea.
El viernes anterior al vigesimocuarto aniversario del asesinato, Santiago Laiglesia fue citado a declarar en el Juzgado de Instrucción número 2 de Sabadell. Se acogió a su derecho a no declarar. Fiscalía y acusación particular pidieron prisión inmediata. La jueza decretó su ingreso provisional, comunicada y sin fianza, en el centro penitenciario de Brians I, argumentando riesgo de fuga y de manipulación de pruebas, agravado por la gravedad de los nuevos indicios y por la falta de arraigo acreditado (aunque es funcionario de la Generalitat, la magistrada consideró que eso le otorga medios económicos para huir incluso fuera de Europa).
Para la familia y su abogado, Benet Salellas, el encarcelamiento de Laiglesia supone un giro histórico que rompe la sensación de impunidad con la que los responsables habían vivido durante casi un cuarto de siglo. Por primera vez desde 2001, el caso Helena Jubany camina con paso firme hacia un posible juicio y, sobre todo, hacia la verdad y la justicia que la joven bibliotecaria lleva veinticuatro años esperando.