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El caso Salazar acorrala a Pilar Alegría: de comer como amigos a fingir llamándole "vomitivo"

La portavoz del Gobierno, que en su día defendió al ex cargo del PSOE denunciado por acoso sexual e incluso se van de comida juntos, se ve obligada a renegar ahora de él ¿de forma sincera?

La ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Pilar Alegría

La ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Pilar AlegríaEuropa Press

Enrique Martínez Olmos

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El caso de Paco Salazar y los detalles escabrosos que se están conociendo de las denuncias de acoso sexual han dejado a la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, en una situación difícil, pues quien hace apenas unas semanas era un amigo para irse a comer juntos y un “hombre íntegro” para ella -como lo definió antes de entrar a una ejecutiva del PSOE- se ha convertido ahora, de la noche a la mañana, en alguien a quien tacha de “vomitivo”. El giro de guion deja en el aire una pregunta evidente: ¿convicción o simple postureo político? Porque, no olvidemos, la también ministra de Educación fue pillada de comida con el excargo socialista cuando ya se sabía el asunto del acoso. Muy feminista por su parte.

En el Consejo de Ministros, Pilar Alegría se ha visto obligada a responder sobre los testimonios publicados de las mujeres acosadas. Su respuesta fue tajante: “¿Qué me parecen? vomitivas”. La portavoz del Gobierno también recordó que Paco Salazar fue “cesado de manera fulminante” cuando estallaron las primeras acusaciones en julio. Un cese que, curiosamente, no impidió que ambos compartieran comida semanas después, fotografía incluida, algo que ella justificó después asegurando que era un encuentro de “ámbito personal”.

Pilar Alegría ha insistido en que desde 2018 existen “protocolos antiacoso actualizados” y ha afirmado que, tras salir a la luz las primeras denuncias de acoso sexual contra Paco Salazar, Moncloa reunió a las trabajadoras para garantizarles “respeto, anonimato y un espacio seguro” para comunicar cualquier conducta inapropiada. Sin embargo, el 4 de noviembre, cuando se conocieron las imágenes de su comida con el también asesor de Pedro Sánchez, la ministra rebajó el asunto a un reencuentro entre conocidos: “una persona a la que conozco desde hace años y a la que no veía desde hace medio año, sin más”, dijo entonces. Muy normal reunirse con alguien que denuncian por acoso. Ahora, esa “integridad” que la ministra de Educación defendía, se ha convertido en “vomitiva”. Otra cosa es que alguien se cree que lo dice sinceramente.

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