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Guerra sin cuartel de las mujeres del PSOE por el acoso: piden cabezas en Ferraz y llevar las denuncias a la Fiscalía

La venganza de Adriana Lastra que exige ir directamente al fiscal mientras la portavoz de Igualdad en el Congreso, Adriana Fernández, pide "todas las responsabilidades" a la Ejecutiva dejando a Pilar Bernabé y María Jesús Montero en la picota

María Jesús Montero y Pilar Bernabé en un acto feminista del PSOE

María Jesús Montero y Pilar Bernabé en un acto feminista del PSOE

Enrique Martínez Olmos

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El caso Paco Salazar ha desatado una auténtica guerra interna en el PSOE, especialmente en el sector femenino. No es una crisis menor ni un malentendido burocrático: es una revuelta abierta de las mujeres del partido contra la cúpula de Ferraz, a la que acusan de haber mirado hacia otro lado durante meses y haber dejado desprotegidas a las denunciantes del acoso sexual. El estallido se produjo en la reunión telemática del miércoles por la noche entre Ferraz y las responsables de Igualdad de las federaciones. Lo que debía ser un encuentro de control de daños se convirtió en una sublevación organizada contra Pilar Bernabé, la secretaria de Igualdad, pidiendo “silencio y no hacer ruido”. Las socialistas admiten ahora “errores graves”, especialmente el más bochornoso: cuatro meses tardaron en contactar con las víctimas después de recibir las denuncias.

Varias federaciones preparaban un comunicado conjunto denunciando la gestión del caso y señalando directamente a la dirección del PSOE. Una rebelión que precipitó la convocatoria urgente de la reunión telemática y que ha obligado a Ferraz a convocar otra cita presencial la semana próxima. Pero la guerra está lejos de apagarse. Quien ha dado el golpe más duro ha sido Adriana Lastra, histórica del sanchismo y ahora delegada del Gobierno en Asturias, que se la tiene jurada al equipo de Ferraz que en su día hizo Santos Cerdán y que la trató mal a ella hasta que se apartó. Sin rodeos Lastra señala que “el comité antiacoso debe elevar de manera inmediata la documentación a la Fiscalía”.

Adriana Lastra rompe la baraja, desmonta el discurso de la dirección y deja claro que no está dispuesta a permitir otro caso enterrado en los pasillos de Ferraz. Pero no es las única. La portavoz del PSOE en la Comisión de Igualdad del Congreso, Andrea Fernández, tampoco ha tenido piedad. Ha exigido “Explicaciones convincentes y pormenorizadas”, “la mayor contundencia posible” y “todas las responsabilidades que hagan falta”. Traducido: la Ejecutiva debe asumir fallos. Y en esa Ejecutiva todos apuntan a Pilar Bernabé, secretaria de Igualdad, y María Jesús Montero, vicesecretaria general, ambas ya señaladas por las bases de mujeres del partido por mirar a otro lado.

Andrea Fernández se declara “dolida”, “disgustada” y “a la espera de explicaciones que todavía no han llegado”. Un mensaje demoledor para un partido que lleva décadas exhibiendo la bandera del feminismo como seña de identidad y que sólo le faltaba este escándalo del acoso sexual tras la prostitución o las pulseras antimaltratro que no funcionan. Mientras las mujeres del PSOE exigen actuar ya, la dirección intenta ganar tiempo. Pilar Bernabé pide esperar al informe del Órgano contra el Acoso, apoyándose en el protocolo interno para evitar dar el paso hacia la Fiscalía. “Como marca el procedimiento”, dice. Pero a estas alturas, nadie se cree el procedimiento. Ese es el problema. La palabra “ocultación” flota sobre Ferraz como una nube tóxica, por más que desde la dirección lo nieguen. El retraso, la falta de reacción, la opacidad y la protección implícita a un alto cargo tan cercano a Pedro Sánchez como Paco Salazar han dinamitado la confianza interna.

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