El Gobierno aparta a Antonio Hernández: cae el brazo derecho de Salazar en Moncloa
Su destitución llega tras las acusaciones de encubrimiento en los presuntos casos de acoso sexual atribuidos al colaborador estrecho de Sánchez. El cese pretende apagar la crisis interna del Ejecutivo y reconstruir su imagen ante la opinión pública

Antonio Hernández, coordinador político del PSOE
El Gobierno ha decidido destituir a Antonio Hernández, director del Departamento de Coordinación Política en la Presidencia y considerado la mano derecha de Paco Salazar, cuyo nombre quedó marcado por las denuncias de acoso sexual en el complejo de La Moncloa. La salida de Hernández, que será formalizada en el próximo Consejo de Ministros, supone la primera gran consecuencia política tras semanas de presión interna y un desgaste creciente en la imagen del Ejecutivo.
Hernández abandona también su posición en la ejecutiva del PSOE andaluz, donde ocupaba un papel destacado. Aunque ha negado cualquier responsabilidad directa en los hechos denunciados, su figura se vio envuelta en el supuesto encubrimiento de las denuncias contra Salazar. Las víctimas habían señalado reiteradamente la existencia de un muro interno que dificultaba que sus testimonios fuesen atendidos y elevadas a los órganos correspondientes. Y los focos acabaron apuntando directamente a su entorno más próximo.
La salida de Hernández llega después de que el presidente reconociera públicamente que no actuaron a tiempo para contactar con las denunciantes, calificándolo como un “error”, aunque defendiendo que no existió connivencia. Esa admisión supuso el inicio de una ofensiva política para tratar de frenar los daños, mientras desde dentro del partido crecían las voces que exigían asumir responsabilidades más allá de la retórica.
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La destitución busca transmitir una imagen de contundencia, pero llega acompañada de interrogantes sobre la gestión interna del caso. Desde el Ejecutivo se escudan en que las denuncias no llegaron a la Fiscalía al ser anónimas, pero el relato muestra un funcionamiento interno en el que las lealtades jerárquicas pesaron más que la protección de las víctimas. La propia figura de Salazar fue blindada durante meses por su peso en el aparato presidencial, y su caída ha arrastrado a quienes formaban parte de su círculo operativo.
El episodio ha sacudido la credibilidad del Gobierno, que construyó buena parte de su discurso político sobre la bandera de la igualdad y la tolerancia cero ante el acoso. La destitución de Hernández, aunque relevante, no despeja por completo la crisis: abre un nuevo capítulo en la exigencia de responsabilidades, transparencia y depuración interna.