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Sánchez aplicará el Sun Tzu a Feijóo para alargar la legislatura

La fragmentación política y la polarización favorecen la continuidad del Gobierno y la táctica del PSOE es esperar a que el líder del PP se equivoque o que se vea envuelto en asuntos que le desacrediten

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en la sesión de control en el Congreso

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en la sesión de control en el Congreso

Ricardo Martín
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La táctica de esperar a que el otro se equivoque para vencerle es una práctica fundamental en el ajedrez; y también una estrategia militar que se estudia en todo el mundo: Sun Tzu se llama. Esperar a que Feijóo cometa errores, o que se vea envuelto en asuntos que le desacrediten (caso de los whatsapp a Carlos Mazón) es la fórmula de Sánchez para alargar la legislatura hasta 2027.

Todos los episodios programados a lo largo de 2026 son –a priori- derrotas para el Partido Socialista (autonómicas en Aragón, Castilla y León, y Andalucía), más los feos asuntos de corrupción que afectan a Cerdán, Ábalos o Koldo; y los “paseos” en sede judicial del hermano y la esposa del presidente del Gobierno en los próximos meses.

La supervivencia política de Sánchez desde 2018 hasta este 2025 se ha cimentado en “hechos extraordinarios e imprevistos”, desde la Covid-19 al volcán de La Palma, el “gran apagón”, la DANA, los incendios del pasado verano, o la guerra en Ucrania.

El presidente es perfectamente consciente de su extrema debilidad, pero necesita seguir al frente del Ejecutivo hasta 2027 por si se presenta una nueva “oportunidad” imprevista que le permita gestionarla con la habilidad que le ha permitido sobrevivir a crisis que probablemente pocos mandatarios habrían sabido superar.

Las elecciones en Extremadura han anticipado de forma abrupta –aunque esperada- el declive del sanchismo como identificación incuestionable del PSOE actual. Los índices de popularidad del presidente describen el desgaste de Sanchez y la desafección ciudadana en “nichos” de votantes que tradicionalmente le respaldaban, particularmente las mujeres jóvenes de clase trabajadora o con empleo indefinido.

El núcleo de votantes que permitió al PSOE alcanzar el 28% de apoyo electoral se ha reducido hasta el 25%, y su composición se ha encapsulado en los mayores de 60 años, los trabajadores de grandes empresas mayoritariamente sindicalizados, mundo intelectual y artiísitico, y electores de izquierdas que se han alejado de partidos como Sumar o Podemos, y se han refugiado en el PSOE.

La buena marcha del empleo, la elevada revalorización de las pensiones, junto a un consumo abundante y el apoyo internacional a las políticas de Sánchez son la argamasa que le permite sobrevivir, al menos en términos de “imagen”.

Lo que sucede es que 2026 va a marcar un estancamiento económico generalizado, que se traducirá en menos bienestar; y a pesar de que España podrá presumir de una situación “de excepción”, también sufrirá: el empleo perderá impulso (con ajustes en grandes corporaciones), los precios seguirán lastrando las economías domésticas y el angustioso problema de la vivienda irá a más, sin que Sánchez le ponga remedio.

Los cualitativos que realizan casas de sondeos afines al Gobierno concluyen que una parte sustancial de la sociedad española -incluidos muchos jóvenes de la Generación Z- elogia las recetas del Gobierno, pero las critican por insuficientes y no creen posible que Sánchez sea capaz de dar solución a los problemas de acucian a los españoles.

La debilidad del presidente está asumida por la inmensa mayoría de los electores, y la petición de anticipación electoral es ya un clamor; si bien la continuidad de Sánchez está garantizada, pendiente de los apoyos de unos socios parlamentarios cada día más incómodos con su papel de salvadores de una Legislatura cuesta abajo.

Las palabras del Rey y la fragmentación partidista

Una de las características de la política española en estos momentos (tal como acertadamente diagnosticó el Rey en su discurso navideño) es la polarización y el extremismo discursivo, un escenario que beneficia al líder del PSOE.

Pero otra de las características de la política en España a día de hoy es la fragmentación de las fuerzas a derecha e izquierda; y la “pelea” entre partidos dentro del mismo “bloque”: VOX compitiendo con el PP; Junts tratando de “morder” en el electorado independentista de ERC; Podemos camino de estrangular a Yolanda Díaz y extinguir su movimiento Sumar; Bildu y PNV a la greña... un panorama, en fin, que beneficia a quien maneja los “hilos” desde Moncloa.

Sánchez, chapoteando en una situación política asfixiante, va a seguir exhibiendo músculo “exterior”, tratando de colarse en los foros del multilateralismo y el Sur Global; manteniendo su apuesta por la estrategia “verde”; y perseverando en el “antitrumpismo” y la “causa Palestina”.

Su aspiración para 2026 es “subir de nivel”, lograr que los grandes de Europa le validen y situarse de igual a igual con los líderes europeos, Macron, Mertz y Meloni, que –de momento- le excluyen deliberadamente de las “cumbres” internacionales.

Sánchez ha exigido a Francia, Alemania e Italia, en privado y en reuniones informales, que reconozcan “de una vez por todas” los méritos de España para ocupar la vacante del Reino Unido en el firmamento del poder europeo. La ventaja para España es que nadie ha ocupado hasta la fecha el “trono” dejado por U.K. tras el Brexit.

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