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Alarma en prisiones: el fentanilo entra en cartas y convierte a internos en "zombis" violentos

Las cárceles españolas viven una alarma creciente por la irrupción del fentanilo, el opioide sintético hasta 100 veces más potente que la morfina, que se cuela de forma casi indetectable impregnado en el papel de las cartas enviadas por familiares, conocido como "papelito" en el sur o "pescado" en Levante, o mediante drones.

Fentanilo.

Fentanilo.ANGELP

David González
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Las cárceles españolas enfrentan desde hace meses un creciente y alarmante problema con la introducción de fentanilo, un opioide sintético extremadamente potente, hasta 100 veces más que la morfina, y de alto riesgo, que se ha convertido en una amenaza seria para la seguridad y la salud tanto de los internos como de los funcionarios penitenciarios.

Según alertas lanzadas por sindicatos como ACAIP-UGT y CSIF, así como por fuentes de Instituciones Penitenciarias, esta sustancia, a menudo mezclada con otras drogas como ketamina o incluso sustancias tóxicas como amoniaco o limpia-llantas, ingresa principalmente impregnada en el papel de las cartas enviadas por familiares o conocidos. Este método, conocido como "papelito" en el sur o "pescado" en Levante, resulta prácticamente indetectable para los controles habituales, ya que una dosis mínima, que cuesta alrededor de ocho euros en el mercado ilegal, puede camuflarse en un simple folio. Una vez dentro, se trocea en tiras y se fuma mezclado con tabaco, generando efectos devastadores.

Los impactos son graves: los internos que la consumen experimentan estados de extrema violencia y desconexión total, incrementando las agresiones al personal de vigilancia. Las estadísticas reflejan un aumento del 126% en las agresiones a funcionarios desde 2018, pasando de 223 a 504 en 2024, con casos de una agresión cada 14 horas en algunos periodos de 2025. Cuando se combina con estimulantes como la cocaína, denominada en algunos contextos "droga caníbal", provoca episodios de furia incontrolable, con internos ajenos a sus actos, autolesionándose o atacando brutalmente, como mordiéndose los brazos o apuñalando a compañeros de celda.

Además, ha causado numerosas muertes por sobredosis: reportes indican uno o dos fallecimientos mensuales por centro en prisiones andaluzas como Sevilla II (Morón de la Frontera), Botafuegos (Algeciras) o Puerto III (Cádiz), con al menos seis decesos confirmados en 2025 relacionados con esta modalidad en varias cárceles. La primera incautación significativa de fentanilo puro ocurrió en octubre de 2025 en la prisión de Asturias, donde un interno "de confianza" introdujo 29 parches tras un permiso.

Otras vías de entrada incluyen drones, que depositan pequeñas cantidades en patios o zonas específicas, dificultando su detección por el ruido ambiental. Aunque el fentanilo devastó Estados Unidos, con picos de 80.000 muertes mensuales en 2023, en España su presencia se concentra por ahora en el ámbito penitenciario, sin crisis generalizada en la calle, donde las incautaciones siguen siendo testimoniales.

Los sindicatos exigen urgentemente más medios de detección, como reactivos específicos o inhibidores de drones, y reclaman que la profesión sea reconocida como de riesgo. Este fenómeno agrava desafíos estructurales del sistema penitenciario, como la permisividad en sanciones, que muchos internos perciben como leves, y la vulnerabilidad de las funcionarias (más del 30% del colectivo), expuestas a agresiones que fuera serían delitos graves pero dentro quedan impunes.

En resumen, la irrupción del fentanilo en las prisiones españolas representa un peligro inminente que demanda respuestas inmediatas para proteger la integridad de todos los implicados y evitar que escale a una epidemia mayor.

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