El maná de León XIV a España, nueva excusa para alargar la Legislatura
El periplo del Papa coincide con las andaluzas y los juicios al entorno de Sánchez

El Papa León XIV visitará España en 2026
En mayo del año pasado publicamos en esdiario.com los planes del Gobierno de impulsar con El Vaticano un viaje a España del Santo Padre en el curso de 2026. El ministro Albares sabía que no era una quimera y que podía alcanzarse el objetivo; y sólo unos meses después, ya es oficial que León XIV vendrá a España en junio.
Las redes levantadas desde Exteriores y el ministerio de la Presidencia a semanas de la elección del Papa “peruano” (mayo 2025) fueron confirmando que uno de los destinos preferentes de Su Santidad era precisamente España. Como se ha ido demostrando con el paso de los meses, el Ejecutivo de Sánchez y El Vaticano han sintonizado bien.
La visita, con sus prolijos preparativos, es una buena excusa –si es que a Sánchez le hiciera falta alguna- para alejar, una vez más, el adelanto de elecciones; al menos a lo largo del primer semestre de este año.
Actos masivos en Madrid, Barcelona y Canarias
El viaje programado por el Vaticano –que incluirá actos masivos en Canarias, Madrid y Barcelona- coincidirá con el rosario de juicios que afectan al entorno del presidente o a personas de su confianza en el PSOE, y que tienen fecha de celebración en los meses de mayo, junio o julio.
Además del temido “cerco judicial”, Sánchez seguirá enfrentándose a una Legislatura en permanente peligro de extinción, lastrado por la desafección creciente de sus socios -Junts y Podemos, particularmente-; y por unos resultados electorales probablemente adversos en febrero, marzo y junio, cuando se celebren elecciones regionales en Aragón, Castilla y León y Andalucía.
Precisamente, la visita de León XIV coincidirá en junio con el final del ciclo electoral autonómico, que protagonizarán Moreno Bonilla y María Jesús Montero en su pulso por hacerse con la Junta de Andalucía.
En el PSOE son perfectamente conscientes del destrozo que está produciendo en el electorado de fuera de Cataluña el proyecto de nueva financiación autonómica, presentado la semana pasada. Claro que, a contracorriente de la mayoría, Sánchez considera una “ventana de oportunidad” la cesión de impuestos a Cataluña, al constatar que Puigdemont no ha rechazado frontalmente la “financiación singular”.
Guiños a Trump, Venezuela y... ¿acercamiento a Putin?
Pero donde Sánchez va a pisar el acelerador es en política internacional, buscando protagonismo en la configuración de la Venezuela del futuro, mientras pondera sus declaraciones sobre Trump, hasta el punto de afirmar –para sorpresa de su propio partido, el PSOE- que España es “atlantista”.
Para que el presidente estadounidense aplaque su ira contra él, y permita que se cuente con España en la resolución de la crisis de Venezuela, Sánchez ha utilizado una reciente intervención del Rey, el pasado viernes, para poner en su boca una reflexión lanzada por el propio Sánchez: “el riesgo de desmantelamiento del vínculo entre Europa y EEUU”.
En tiempos líquidos como los que vivimos nada debe sorprendernos, por ejemplo un acercamiento de Sánchez a las posiciones de la presidenta italiana, Giorgia Meloni (por cierto, cada vez más crítica con Donald Trump), que ha lanzado la propuesta de crear una misión diplomática articulada por la Comisión Europea para entrevistarse con Putin en Moscú y acelerar el final del conflicto entre Rusia y Ucrania.
La política exterior se ha convertido para Sánchez en un auténtico salvavidas, pero también una apuesta estratégica acertada de cara a las futuras elecciones generales. En estos momentos, según informes del Real Instituto Elcano –o publicaciones como Política Exterior- se constata que el liderazgo de los políticos en el exterior de sus países es un elemento central para la mayoría de los electores.
En el caso de España, hay que tener en cuenta que un porcentaje que ya se acerca al 40% considera posible una conflagración internacional que desemboque en una guerra de destrucción masiva. La seguridad, la economía, y el alineamiento ideológico con conflictos más allá de las fronteras, han acarreado -según distintos think tanks- que los electores coloquen en la ecuación de sus preferencias electorales la proyección internacional de sus gobernantes. Un factor que puede ser determinante.