Sánchez se pone la medalla de “pedir” liberaciones en Venezuela y bendice a Zapatero como mediador
El presidente se atribuye el gesto de “pedir” excarcelaciones cuando el régimen ya ha caído, elude su silencio pasado sobre el chavismo y rescata a Zapatero como mediador útil tras haberle marcado distancias desde su propio Gobierno.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ofrece una rueda de prensa tras recibir al primer ministro de Grecia, Kyriákos Mitsotákis, en La Moncloa, a 12 de enero de 2026, en Madrid (España).
Pedro Sánchez vuelve a exhibir su particular forma de hacer política exterior: atribuirse los méritos, repartir bendiciones internas y evitar cualquier asunción de responsabilidades incómodas. El presidente del Gobierno ha asegurado este lunes que pidió a Delcy Rodríguez que Venezuela “siga liberando presos políticos” y, de paso, ha agradecido públicamente el “buen hacer” de José Luis Rodríguez Zapatero como mediador, pese a que su propio Ejecutivo se había desmarcado de él hace apenas una semana.
Sánchez ha reconocido que el pasado viernes habló con Delcy Rodríguez, a la que ha calificado como “presidenta temporal” tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. En esa conversación, según ha relatado, trasladó la “necesidad de continuar liberando presos políticos”, una petición que llega cuando el control de la transición venezolana ya no está en manos del chavismo sino de Washington.
De marcar distancias a repartir elogios
El giro del presidente resulta tan evidente como revelador. Días atrás, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, se apresuraba a aclarar que Zapatero “no actúa en nombre del Gobierno ni con mandato del Gobierno”, tratando de enfriar las críticas por la implicación del expresidente socialista en Venezuela. Ahora, Sánchez no solo evita esa cautela, sino que lo presenta como una figura clave en la liberación de presos, subrayando que su papel ha sido “reconocido por las víctimas”.
Un respaldo político explícito que contrasta con años de silencio del Ejecutivo ante las denuncias de persecución y encarcelamientos arbitrarios por parte del régimen chavista, al que el Gobierno socialista ha evitado calificar abiertamente como dictadura.
España quiere estar, aunque decida otro
Sánchez también ha admitido implícitamente la irrelevancia española en el nuevo escenario venezolano. El presidente no ha mantenido contacto alguno con la Administración de Donald Trump —una relación inexistente— y ha delegado esa interlocución en Albares, mientras él intenta mantener abiertas vías con Delcy Rodríguez y con el líder opositor Edmundo González, exiliado en España.
Todo ello con el objetivo de no quedarse fuera de una transición que, en la práctica, dirigen Estados Unidos y otros actores internacionales, mientras España aspira a “apurar” su influencia histórica en Latinoamérica.
España
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Enrique Martínez Olmos
Liberaciones, fotos y silencios
Entre los presos políticos liberados en los últimos días figuran cinco ciudadanos españoles, ya de regreso en Madrid. Sánchez ha celebrado su liberación como un éxito del Gobierno, aunque sin explicar qué ha cambiado para que ahora sí se produzcan esas excarcelaciones ni qué papel real ha jugado Zapatero más allá de los gestos diplomáticos.
Así, el presidente se cuelga la medalla de haber “pedido” liberaciones, rescata a Zapatero como mediador útil y esquiva las preguntas de fondo: por qué durante años su Ejecutivo miró hacia otro lado en Venezuela y por qué ahora, cuando el tablero ha cambiado, decide presentarse como protagonista de una transición que otros están pilotando.