El socialcomunismo rechaza la liberación del pueblo venezolano

José Luis Rodríguez Zapatero saluda a Nicolás Maduro
Desde la llegada de Hugo Chávez al poder, allá por 1999, el pueblo venezolano se ha visto sometido a un régimen dictatorial y narcoterrorista, constituyendo esta proposición una verdad tan irrefutable a la vista de los acontecimientos acaecidos en el país caribeño a lo largo de estos últimos 26 años que su defensa no merece el más mínimo esfuerzo discursivo.
No obstante, dado el aluvión de críticas que se han vertido en relación a la captura, extracción e ingreso en una prisión de Nueva York de Nicolás Maduro, sí parece necesario analizar los motivos y el modo de proceder de la Administración Trump a la hora de descabezar al tiránico régimen chavista.
Así, en primer lugar, cabe decir que la intervención estadounidense se sustenta en una acusación penal presentada en 2020 ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, según la cual Maduro y otros funcionarios venezolanos participaban en una organización criminal, conocida como el Cartel de los Soles, que usó el poder del Estado para promover actividades de narcotráfico a gran escala.
En segundo lugar, está absolutamente demostrado el hecho de que el régimen chavista ha matado, torturado y encarcelado injustificadamente a decenas de miles de venezolanos, sumiendo al resto en la más absoluta de las miserias, a pesar de ser Venezuela el país con mayores reservas de petróleo del mundo.
En tercer lugar, en las elecciones celebradas el 28 de julio de 2024 la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) que aglutinaba a las fuerzas opositoras al régimen, obtuvo una arrolladora victoria, tal y como demuestran las actas electorales custodiadas por el Gobierno de Panamá, a pesar de lo cual el régimen chavista mantuvo de manera absolutamente fraudulenta a Maduro en el poder, conculcando así las reglas del juego democrático.
En cuarto lugar, como consecuencia de la vulneración de la soberanía popular, la inmensa mayoría de los países democráticos del mundo se negaron a aceptar que el poder recayera nuevamente en Maduro, entendiendo que era el candidato opositor Edmundo González Urrutia el legítimo presidente de Venezuela.
En quinto lugar, no satisfecho con usurpar el poder, tras la cita electoral Maduro desató una nueva ola de terror que provocó el encarcelamiento y tortura de cualquier sospechoso de ser opositor al régimen, con lo cual el ambiente en el país venezolano, si bien ya era insano, se volvió absolutamente irrespirable.
En sexto lugar, Maduro será juzgado en Nueva York gozando de todas las garantías procesales que se requieren en un juicio justo, como demuestra el hecho de que haya contratado sin ningún tipo de impedimento a dos abogados cuya minuta se estima que ascenderá a varios millones de dólares, lo cual invita a pensar que la salud financiera del tirano, en contraste con la de su pueblo, es tan excelente como ilegítima.
En séptimo lugar, tras la intervención estadounidense decenas de miles de venezolanos en el exilio salieron a la calle para expresar su enorme satisfacción por la detención del dictador venezolano, así como su apoyo al proceso de liberación iniciado en Venezuela, lo cual pone de manifiesto el rechazo del pueblo venezolano al régimen chavista.
Y, por último, cabe señalar que en ningún caso EE.UU. ha invadido Venezuela, como demuestra el hecho de que no se hayan instalado militares estadounidenses en territorio venezolano y que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, haya llegado a un acuerdo con la actual presidenta encargada del régimen chavista, Delcy Rodríguez, para devolver a Venezuela a la senda de la libertad mediante un proceso que se desarrollará en tres fases: la primera de estabilización del país a nivel institucional y social, la segunda de recuperación económica y la tercera de transición hacia la democracia.
Sin embargo, a pesar de todo lo expuesto, diversos Gobiernos de marcado carácter dictatorial, como China, Rusia, Cuba, Nicaragua o Irán, en un alarde de cinismo han manifestado su absoluto rechazo al proceso de liberación emprendido por el pueblo venezolano a raíz de la intervención de la Administración Trump.
Así, China (un país comunista que ha abrazado el capitalismo más salvaje para fortalecer su economía, sin que al menos una parte de la riqueza generada haya llegado a la inmensa mayoría de la población) crítica la injerencia estadounidense en Venezuela cuando resulta que lleva años amenazando con invadir un país democrático como Taiwán, con la exclusiva finalidad de obtener una enorme ventaja competitiva a nivel tecnológico, debido a que el país asiático es el principal productor mundial de semiconductores.
A su vez Rusia (un país en este caso autocrático presidido por un sociópata sanguinario con sueños expansionistas como Vladimir Putin) también critica la intervención estadounidense en Venezuela, cuando resulta que ha invadido Ucrania para anexionarse la región del Donbás, provocando con ello más de un millón de muertos, incluyendo, hombres, mujeres y niños, así como el exilio de cerca de cinco millones de ucranianos.
Por su parte Cuba y Nicaragua (países donde desde hace décadas el partido comunista ha instalado sendos campos de concentración para desesperación de su pobladores) tampoco han ahorrado esfuerzos a la hora de criticar a la Administración Trump a pesar de que ello conlleve revertir la penosa situación en la que vive el pueblo venezolano.
Finalmente, Irán (una república islamista, cuyo su líder supremo no solo pisotea los derechos humanos mediante la imposición de una ley liberticida, misógina y homófoba como es la sharia, sino que además apoya el terrorismo internacional a través de grupos yihadistas como Hezbollah) también se ha permitido el lujo de proclamar que la intervención de los EE.UU. en la Venezuela chavista vulnera el Derecho Internacional.
En resumidas cuentas, resulta evidente para cualquier persona mínimamente objetiva que las críticas realizadas por todos estos países en relación al descabezamiento del régimen narcoterrorista venezolano parten de la más absoluta hipocresía, ya que bajo sus ataques a la Administración estadounidense tan solo late la defensa de sus propios intereses geopolíticos y económicos -como evidencia el hecho de que todos ellos recibían petróleo venezolano a un coste mínimo- sin importarles para nada el recorte de derechos y libertades padecido por el pueblo venezolano bajo la tiranía chavista.
Como era de esperar el Gobierno español también se ha puesto del lado de la narcodictadura chavista, muy probablemente por los vínculos existentes entre el sanchismo y el chavismo gracias a la intermediación del siempre despreciable José Luis Rodríguez Zapatero, el cual lo mismo actúa de asesor áulico de Pedro Sánchez que de embajador plenipotenciario de Nicolás Maduro, a cambio, evidentemente, de jugosas e ilícitas comisiones, como demuestra su incremento patrimonial en los últimos años.
Así, por poner un ejemplo clarificador de dichos vínculos, durante la pandemia el Gobierno sanchista, presionado insistentemente por Zapatero, puso en marcha el rescate de la aerolínea Plus Ultra mediante la concesión de 53 millones de euros procedentes de la SEPI. Ello se hizo bajo la consideración de que dicha aerolínea era estratégica para España, cuando resulta que la compañía podía ser cualquier cosa menos estratégica, ya que en el momento del rescate tan solo tenía un avión operativo.
Además, y aquí es donde se evidencia el vínculo entre el sanchismo y el chavismo, resulta que parte del dinero concedido a Plus Ultra fue a parar, con el beneplácito de la SEPI, a sociedades ubicadas en Gibraltar y Suiza, con la finalidad de blanquear el dinero ilegalmente obtenido por altos cargos del Gobierno venezolano, lo cual, obviamente, no puede ser considerado como algo fruto de la casualidad.
En definitiva, dado que carecemos de las capacidades adivinatorias del Oráculo de Delfos, desconocemos cual será el futuro a corto y medio plazo de Venezuela, pero lo que si estamos en disposición de afirmar es que la captura del narcodictador venezolano por parte de las fuerzas estadounidenses ha servido para que la caída del régimen chavista y el inicio de un periodo de transición que concluya con la liberación del pueblo venezolano y la restauración de la democracia no sean tan solo una quimera, sino más bien una posibilidad indudablemente verosímil.