PSOE y Sumar siguen tirándose de los pelos: ahora por las bonificaciones a los caseros
El Gobierno vuelve a exhibir sus costuras en plena crisis de vivienda, con reproches públicos, acusaciones de unilateralidad y amenazas cruzadas entre socios mientras Sánchez elogia a Díaz y ambos bloques compiten por marcar perfil propio
Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en el Congreso de los diputados
El Gobierno de coalición vuelve a demostrar que la sintonía entre PSOE y Sumar es más un eslogan que una realidad. Esta vez, el nuevo capítulo del desencuentro llega a cuenta de las bonificaciones fiscales a los propietarios que no suban el alquiler, una medida impulsada por el ala socialista que ha provocado un choque frontal con su socio minoritario.
La discrepancia estalla, además, en un momento especialmente llamativo: justo cuando Pedro Sánchez elogia en La Vanguardia a Yolanda Díaz, a la que define como una de las mejores políticas del país. Unas palabras que contrastan con la guerra abierta que ambos partidos mantienen en materia de vivienda, uno de los asuntos más sensibles para el electorado.
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Sumar exige la retirada total de la propuesta socialista, mientras el PSOE insiste en seguir adelante, admitiendo únicamente retoques cosméticos. La tensión no es nueva, pero sí cada vez más explícita. Desde la coalición de Díaz apuestan por la prórroga obligatoria de los contratos de alquiler y han llevado el debate al Congreso, a las redes sociales y hasta a una recogida de firmas ciudadanas.
Acusaciones de unilateralidad
El malestar se agravó cuando Sumar denunció haberse enterado de la medida minutos antes que la prensa, acusando al PSOE de actuar de forma unilateral pese a existir una reunión convocada entre socios para abordar la política de vivienda. La vicepresidenta segunda y el ministro Pablo Bustinduy reclamaron una rectificación inmediata.
Dentro de Sumar no se andan con rodeos: califican la bonificación fiscal de “salvajada”, rechazan cualquier regalo tributario a los caseros y aseguran que se trata de una línea roja innegociable. Según su relato, la propuesta socialista beneficia a quienes más tienen y deja desprotegidos a los inquilinos, mientras el dinero público se diluye en incentivos de dudosa eficacia.
El PSOE, por su parte, no da marcha atrás. Defiende la exención como una herramienta rápida para frenar subidas de alquiler y culpa a las comunidades gobernadas por el PP del fracaso de la ley estatal de Vivienda. Aunque se muestra dispuesto a distinguir entre pequeños propietarios y grandes tenedores, deja claro que no renuncia a su plan.
Así, mientras Sánchez presume de cohesión y elogia a su socia, el Ejecutivo vuelve a exhibir sus costuras en público, atrapado en una batalla interna que se repite con cada decisión clave y que vuelve a poner en cuestión la estabilidad real del Gobierno.