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Óscar Puente presume de "conciencia tranquila" mientras culpa a los maquinistas de tener "suflé emocional"

El ministro de Transportes descarta dimitir pese a decir que "asume todas las responsabilidades" e insiste en achacar las denuncias de incidencias de los conductores de tren a su estado anímico

El ministro de Transportes, Óscar PuenteEuropa Press

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El ministro de Transportes, Óscar Puente, insiste en que duerme tranquilo. Muy tranquilo. Tan tranquilo que, mientras acumula accidentes ferroviarios mortales bajo su mandato, se permite señalar a los maquinistas y reducir su alarma por la seguridad a un simple “suflé emocional”. El ministro de Transportes parece haber encontrado la fórmula perfecta: cero dimisiones, cero autocrítica y toda la responsabilidad diluida en el estado de ánimo de los trabajadores.

Preguntado por las consecuencias políticas de los accidentes de Adamuz y Gelida, Óscar Puente repite como un mantra que tiene “la conciencia muy tranquila”. El ministro de Transportes asegura que hace “todo lo que puede”, que asume “las responsabilidades que sean necesarias”, aunque acto seguido deja claro que no piensa dimitir porque ahora mismo no está en eso. Nunca lo está. Las responsabilidades, en el sanchismo, siempre son una promesa a futuro que jamás llega.

El problema no es solo lo que dice, sino lo que hace después. Porque mientras asegura que su prioridad son las víctimas y sus familias tras los accidentes de Adamuz y Gelida, el propio ministro de Transportes ha salido a justificar el colapso de Rodalies de Cataluña no por motivos de seguridad, sino por el “estado anímico” de los maquinistas tras dos tragedias con muertos y por la “mala suerte” de que cayera un muro. No es la infraestructura, no es el mantenimiento, no es la gestión: es el “suflé emocional” de quienes conducen los trenes según el ministro.

Traducido: el problema no es el sistema, sino los trabajadores que no están lo suficientemente serenos para seguir adelante como si nada hubiera pasado. Óscar Puente llegó incluso a advertir que si lo que se pide son garantías de seguridad o intervenciones en la infraestructura, eso “no es viable en unas horas”. El ministro de Transportes se declara libre de culpa, descarta dimitir, promete responsabilidades “por acción u omisión” sin concretar jamás quién las asume, y al mismo tiempo desacredita públicamente a los maquinistas por atreverse a decir basta. Todo ello mientras sindicatos denuncian deterioro de la red, falta de mantenimiento y riesgos acumulados. La conciencia del ministro sigue tranquila, o eso dice, el sillón intacto y la dimisión convertida en una palabra extranjera.

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