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El Gobierno de Pedro Sánchez está desesperado: la Economía no detiene el declive electoral

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y el presidente del Gobierno, Pedro SánchezEUROPA PRESS

Ricardo Martín
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Tras los datos económicos conocidos esta semana, un ramillete de buenas noticias para los españoles, el desconcierto y la desesperación han invadido al Ejecutivo, que se dirige a una nueva e inevitable derrota electoral en Aragón; y esta vez no porque la candidata –Pilar Alegría- sea infumable, si no por el rechazo de los electores a Pedro Sánchez, junto a la desafección progresiva hacia la “marca” PSOE.

El problema de la vivienda aparece en todos los sondeos como la gran asignatura pendiente del Ejecutivo socialista, y en realidad el único parámetro económico -junto con los precios de los alimentos- del que los españoles culpan recurrentemente al actual Gobierno.

El consenso de los últimos sondeos revela que el declive electoral del PSOE tiene más que ver con problemas de naturaleza política: corrupción, polarización, “sumisión” a los independentistas o ingobernabilidad, que con la situación doméstica.

El Partido Socialista va dejándose jirones de votos por cuestiones coyunturales (la última, el accidente de Adamuz), pero hay mucho más. Se trata de un “movimiento de fondo” que está impactando en su electorado más fiel: un cambio de valores que alejan de la izquierda -del PSOE a Sumar o Podemos- a los electores más jóvenes.

Un informe sociológico que manejan las cúpulas de UGT y CCOO desvela que los asalariados sindicalizados no quieren nuevas subidas de impuestos, defienden medidas de protección para los propietarios de viviendas, y consideran que la reciente regularización de inmigrantes debería ser “la última”.

Las dos centrales obreras que se consideran de izquierdas tienen aproximadamente 2 millones de afiliados, con una prevalencia numérica de los mayores de 45 años. Este colectivo es el que todavía declara su preferencia por las políticas de las izquierdas, no así en rangos de edad inferiores, que han dejado de identificarse matemáticamente con PSOE, Sumar o Podemos.

Por otro lado, son cada vez más los votantes socialistas de los sindicatos los que consideran que Sánchez “ha cedido demasiado” a las presiones de los partidos a su izquierda: Sumar, y –particularmente- Podemos. Y, desde luego, a JUNTS o ERC.

Cabe señalar que los trabajadores sindicalizados en España pueden considerarse –por su capacidad adquisitiva- parte de la clase media, y no debemos pasar por alto que existen 3 millones de propietarios de una o dos viviendas, además de la vivienda habitual, generalmente alquiladas.

Esa característica de “propietarios” de un porcentaje significativo de la clase media trabajadora explica que las cúpulas sindicales tomen distancia de las frecuentes denuncias sobre okupaciones y no nieguen el “problema”. Miran hacia otro lado.

Pensionistas y funcionarios, el “núcleo duro”

Indudablemente, el núcleo duro del voto a Pedro Sánchez se mantiene inasequible y pétreo entre los pensionistas, 9,4 millones de españoles, que, mayoritariamente, apoyan las subidas de impuestos, aceptan el mantra de la “pacificacíon” de Cataluña (acuerdos con Junts o ERC) y asumen que la corrupción no debe empujar a Sánchez a dimitir, y que tampoco debería adelantar las elecciones.

A diferencia de los pensionistas, otro núcleo de voto de izquierda tradicional que si parece disgregarse es el funcionariado, un total de 3,6 millones de españoles cuya participación electoral suele ser clave, particularmente en generales.

Así como el trato del Ejecutivo a los pensionistas ha sido muy beneficioso en las dos legislaturas “sanchistas”, también es obvio el cortejo a los empleados públicos, con actualizaciones salariales, recuperación de poder adquisitivo y reposición de bajas.

El PSOE considera “no recuperables” a los jóvenes de la “generación Z” (a pesar de la campaña masiva en redes sociales encabezada por Pedro Sánchez), y al colectivo de autónomos, mayoritariamente microempresarios, que suman 3.400.000 cotizantes al RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos).

Pero donde se juega realmente el “partido” es entre los 21 millones de cotizantes a la Seguridad Social, el grueso de la población trabajadora; y es ahí donde PP y VOX se están disputando la hegemonía electoral.

La derecha bicéfala ha impuesto la prevalencia del relato político (corrupción, ingobernabilidad, ruptura de España...) relegando a un segundo plano los éxitos económicos generados por la gestión del actual Gobierno.

Que la “macro” ha llegado a la “micro” lo demuestra el empujón del consumo de los españoles, que es “de facto” la principal aportación al espectacular crecimiento de la Economía y la creación de puestos de trabajo.

El problema para Sánchez es que el tiempo juega en su contra, y llega demasiado tarde para dar la vuelta al “relato”. Los electores parecen primar –mayoritariamente- el marco político del PP y VOX frente al marco económico del Gobierno.

Con este panorama, los asesores más próximos al presidente consideran inaplazable un cambio de Gobierno, en el que el actual ministro de Economía, Carlos Cuerpo, asuma “todos los poderes”.

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