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El PP se planta ante Vox: “Exigencias desproporcionadas” pese a una oferta “razonable” para investir a María Guardiola

El pulso entre Partido Popular y Vox por la investidura en Extremadura se encona: el PP denuncia que su “oferta razonable” para hacer presidenta a María Guardiola choca con “exigencias desproporcionadas” de Vox, mientras Abel Bautista advierte de que el acuerdo programático está “al 95%” y deja en manos de los de Abascal el coste político de un posible bloqueo y una repetición electoral.

Abel Bautista, secretario general del PP regional y María Guardiola

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El pulso en Extremadura entra en fase decisiva. El Partido Popular ha endurecido el tono contra Vox tras las últimas declaraciones del partido de Santiago Abascal sobre la negociación para la investidura. El mensaje del PP extremeño es claro: el acuerdo programático está prácticamente cerrado, pero el bloqueo —dicen— viene por el “catálogo de exigencias” de Vox en cargos y cuotas de poder.

Según ha explicado este martes el consejero de Presidencia en funciones y secretario general del PP extremeño, Abel Bautista, la negociación ha avanzado “en más de un 90%” —“un 95%”, ha llegado a precisar— en lo relativo al contenido programático. El problema, sostiene, no está en las medidas sino en las condiciones “fuera de toda proporción” que Vox estaría exigiendo para desbloquear la investidura de María Guardiola. Europa Press ha informado de estas declaraciones realizadas antes del Consejo de Gobierno en Mérida.

“No hay avances… depende de cómo lo mires”

Bautista ha respondido de forma directa al portavoz nacional de Vox, José María Fúster, quien había asegurado que no había avances. “Si miras el acuerdo programático, claro que hay avances”, ha insistido el dirigente popular. Pero si Vox se refiere —añade— a “cargos y exigencias” ajenas a la proporcionalidad electoral, “tendrán que explicarlo ellos”.

En ese punto, el PP intenta blindarse con un argumento que repite como un martillo: la aritmética parlamentaria y el peso del voto. Bautista ha subrayado que Guardiola ganó las elecciones con un 43,2% y 29 diputados, mientras Vox obtuvo un 16,9% y 11 escaños. Para el PP, esa diferencia debería reflejarse en el reparto y en el tipo de demandas. “Esa es la proporcionalidad que hay que respetar”, remarca.

El aviso: si hay repetición electoral, Vox tendrá que dar la cara

El choque no se queda en el reproche. El PP eleva la presión con una advertencia política: “el tiempo se agota” y, si el bloqueo desemboca en repetición electoral, Vox deberá “explicarlo” ante los ciudadanos.

Bautista sostiene que sobre la mesa hay una “oferta razonable” y “consecuente” con el resultado de Vox, incluyendo —según su versión— la entrada en el Gobierno autonómico que los de Abascal reclamaban. A partir de ahí, el PP dibuja un marco narrativo claro: ellos ofrecen, Vox aprieta; ellos negocian, Vox dilata.

El “Acuerdo de Valencia” y la guerra de mensajes

En paralelo, el consejero en funciones ha aludido al llamado Acuerdo de Valencia, asegurando que por parte de Guardiola habría compromiso “sin problema” y “en las mismas condiciones”, aunque insiste en que el PP ha evitado entrar en una “intoxicación mediática”.

Y aquí aparece otro frente: el de la credibilidad pública. Bautista dice querer pensar que Vox “no miente a sabiendas”, sino que habla “por desconocimiento” de lo que se está negociando. Una frase que, en la práctica, deja a Vox ante un dilema incómodo: o desinformación o estrategia.

Para reforzar su posición, Bautista asegura que el PP respondió “por escrito” a las exigencias de Vox y que, pese a ello, la única contestación recibida fue que la respuesta popular era “un gran insulto”. Por eso lanza un reto: Vox tiene “libertad absoluta” para enseñar a los ciudadanos cuáles son sus exigencias, mientras el PP se escuda en el “marco de respeto” propio de una negociación.

“Pensamos en extremeño”

El cierre del PP busca elevar el conflicto del terreno partidista al institucional: “no se están jugando los intereses de Extremadura”, viene a decir Bautista, porque el PP —según su relato— se centra en “los intereses de Extremadura” mientras “otros pueden tener otros intereses”.

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En el trasfondo, la escena es la de siempre cuando la investidura se complica: cada día que pasa aumenta la factura política del bloqueo. El PP quiere que esa factura la pague Vox. Vox, por su parte, intenta no aparecer como comparsa. Y en medio, la región sigue en funciones y la investidura, pendiente de un pulso que ya ha dejado de ser discreto para convertirse en una batalla pública.