super bowl
La portavoz de Sánchez pide escuchar a Bad Bunny "como cultura" que canta letras como "ya se la metí a todas"
La ministra Elma Saiz recomienda ver la actuación del cantante en la Super Bowl como "apunte cultural" cuando el propio Gobierno le calificaba en un informe de "misógino y cosificar a la mujer"

La portavoz del Gobierno, Elma Saiz
El Gobierno de Pedro Sánchez ha entrado oficialmente en la fase todo vale, incluso aunque se contradiga a sí mismo en público y sin rubor. La última pirueta la protagonizó la portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, que recomendó escuchar a Bad Bunny “como cultura” durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, nada menos que aludiendo a su actuación en la Super Bowl. “Como saben, siempre me gusta terminar con un apunte cultural”, dijo con toda naturalidad, dejando atónito a más de uno por la recomendación.
El problema no es Bad Bunny, es el cinismo. Porque el mismo Gobierno de Sánchez que ahora eleva al cantante puertorriqueño a la categoría de referente cultural lo ha señalado oficialmente como machista. No es una opinión de tertulia ni un tuit perdido: el Instituto de las Mujeres, organismo dependiente del Ministerio de Igualdad, publicó un artículo en el que criticaba duramente al artista por sus letras misóginas, la cosificación sexual de la mujer, la reproducción de dinámicas patriarcales bajo una estética supuestamente progresista y el uso de un feminismo “postfeminista” que mezcla empoderamiento con consumo y sexualización. Todo eso lo decía el propio Gobierno. No la derecha, no Vox, no un columnista “ultra”. El Ejecutivo de Sánchez que ahora por boca de Elma Saiz recomienda al alcalde como cultura.
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La contradicción de Elma Saiz es todavía más obscena cuando se repasan algunas de las letras más conocidas de Bad Bunny al que el Gobierno de Pedro Sánchez invita a consumir con espíritu cultural: “Ella es calladita pero para el sexo atrevida”. “por más que te esmeres, las tetas y el culo te operes”, “Tití me preguntó si tengo muchas novias… que sonrían las que ya se la metí” o “la noche se puso quinqui, tres dedos en el toto, en el culo el pinky”. Exactamente el tipo de letras que el PSOE y la izquierda institucional censurarían, señalarían y denunciarían si procedieran de cualquier otro artista no alineado con su burbuja cultural. Letras que serían calificadas de machistas, cosificadoras y violentas si no vinieran envueltas en reguetón global y aplauso mediático.
Pero cuando interesa quedar bien, cuando toca posar de modernos y desenfadados, el machismo que dirían ellos se convierte en “apunte cultural” para el Gobierno de Pedro Sánchez. Por eso no sorprende la avalancha de reacciones irónicas tras las palabras de Elma Saiz: “Bad Bunny referente cultural y Txeroki ciudadano normal, todo en orden”, “las letras de Bad Bunny son muy culturales, ahí no ven machismo” u “otro día más demostrando que no hay nadie al volante en el Gobierno”. Sánchez y su Gobierno han decidido que la cultura, el feminismo y la moral pública son plastilina ideológica, moldeable según convenga al titular. Hoy Bad Bunny es cultura, ayer era machismo, mañana ya se verá.
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