nueva coalición sumar
Mónica García se esconde tras los elogios y no se atreve a decir si Yolanda Díaz debe liderar el “nuevo” proyecto que ya existe
La ministra vende “casa de piedra” mientras evita la pregunta clave y lanza el aviso a Podemos: bienvenidos solo si entran dóciles y sin “palos en las ruedas”.

La ministra de Sanidad, Mónica García, durante una rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros, en el Palacio de la Moncloa, a 14 de octubre de 2025, en Madrid (España)
En el universo del “nuevo proyecto” a la izquierda, hay una regla de oro: si lo repites lo suficiente, acaba pareciendo distinto. La ministra de Sanidad, Mónica García, se ha sumado este miércoles al manual de la refundación eterna: vender como “evolución” lo que, visto de cerca, huele a rebranding del mismo espacio, con los mismos socios y las mismas peleas… solo que con una brochita de “casa de piedra” y mucha paciencia para no pronunciar el nombre que incomoda: el del liderazgo.
Porque eso es lo más llamativo: para ensalzar a Yolanda Díaz, sí; para coronarla, no. García se deshizo en elogios (“la mejor vicepresidenta” y “la mejor ministra de Trabajo”, según sus palabras), y hasta le atribuyó el “liderazgo” que permitió armar la coalición en 2023. Pero al ser preguntada si Díaz debe presidir la nueva alianza que se presentará el día 21, la ministra se escabulló con una frase de manual: “Vayamos adelante y hablamos después de liderazgos”.
Lo “nuevo” que ya existe: de la coalición a la “alianza”
El argumento oficial es casi poético: que están levantando una “casa de piedra” del espectro progresista, y que la “ansia” mediática por poner “nombre y tejado” es más un capricho de plató que una necesidad política.
Solo que el “nuevo proyecto” tiene ya fecha, cartel y lista de inquilinos: Izquierda Unida, Más Madrid, Comuns y Movimiento Sumar iniciarán públicamente el proceso el 21 de febrero en el Círculo de Bellas Artes. Es decir: los mismos que ya fueron juntos —con otra fórmula y otro envoltorio— para “revalidar el gobierno progresista”. ¿La gran novedad? Que ahora se llama “alianza” y no “coalición de siglas”.
Y ahí está lo absurdo: plantear como nuevo algo que, en la práctica, ya funciona como bloque, con coordinación y reparto de cuotas, mientras se evita la pregunta clave. Si el proyecto es “casa de piedra”, lo mínimo sería saber quién tiene las llaves.
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El mensaje a Podemos: “venid… pero sin molestar”
Donde sí hubo claridad fue en el recado a Podemos. García dijo que serán “bienvenidos” quienes quieran ayudar, pero no quienes vayan a “poner palos en las ruedas” o a intentar “terminar con el Gobierno”. Traducido al castellano político: venid, pero callad; sumad, pero no condicionéis; entrad, pero sin discutir la obra.
La ministra envolvió el mensaje en otra palabra fetiche —“fraternidad”— y lo remató con el típico planteamiento de puertas abiertas… con mirilla: diálogo con Compromís, Chunta Aragonesista y Més, y con “todas las fuerzas” de esa “constelación” que permitió gobernar.
“Arraigo territorial” como coartada para no hablar de lo incómodo
Otra idea insistente fue el “arraigo territorial”. García defendió construir “despacio, con buena letra”, priorizando implantación local y citó el ejemplo de la Chunta en Aragón. Todo muy sensato… salvo por el detalle de que el debate real no es si hay arraigo, sino si hay mando, si hay un proyecto reconocible y si el espacio deja de vivir en la “refundación” permanente.
El silencio que retrata la operación
Y cuando asomó el elefante de 2023 —el veto a Irene Montero—, García también lo evitó. Otro silencio estratégico. Otra estación del mismo viacrucis: no abrir heridas, no señalar culpables, no citar nombres… y vender el envoltorio como si el producto fuera nuevo.
Mientras tanto, incluso la propia Díaz habla de sumar y movilizar “más allá de marcas o personas”, bendiciendo “todo lo que sume”. Una frase perfecta para el momento: si todo suma, entonces nada define.