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Las presas españolas, una bomba de relojería por la falta de inversión pública

Jesús Contreras, vocal de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, alerta del riesgo real por la falta de mantenimiento mientras los expertos reclaman inversiones urgentes para evitar una catástrofe

Presa de García Sola, en Extremadura, desembalsando

Presa de García Sola, en Extremadura, desembalsandoCHG

Publicado por
Mariola López

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La advertencia llega desde dentro del propio sector técnico. En una entrevista publicada en ABC, Jesús Contreras —vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil— alerta de que el estado de muchas presas españolas puede derivar en un accidente grave si no se actúa con rapidez.

El ingeniero describe un problema estructural acumulado durante décadas: infraestructuras estratégicas envejecidas sin inversión acorde a su importancia. España cuenta con alrededor de 1.300 grandes presas y buena parte supera el medio siglo de vida, mientras numerosas instalaciones se acercan al siglo. El paso del tiempo exige revisiones profundas, refuerzos y modernización de sistemas de control que, según advierte el sector, no se están realizando al ritmo necesario.

La cuestión no es solo técnica sino presupuestaria. Especialistas en hidráulica llevan años reclamando planes de mantenimiento estables, con inversiones sostenidas, frente a actuaciones puntuales tras episodios meteorológicos extremos. El incremento de lluvias torrenciales en los últimos años aumenta la presión sobre infraestructuras diseñadas bajo parámetros climáticos distintos, lo que eleva el riesgo si no se actualizan.

Contreras insiste en que el peligro no es hipotético: llegará el día en que ocurra un fallo grave si continúa el deterioro. La preocupación no reside tanto en la construcción original —considerada robusta— como en la falta de conservación posterior.

El escenario de una rotura

La rotura de una presa no sería un incidente local, sino una catástrofe inmediata. La liberación súbita de millones de metros cúbicos de agua genera una ola de varios metros de altura que avanza a gran velocidad arrasando poblaciones, carreteras y polígonos industriales aguas abajo. La evacuación, en muchos casos, sería imposible por la escasa ventana de reacción.

Existen precedentes internacionales que muestran su magnitud devastadora, con miles de víctimas en minutos. En España, varios embalses se ubican aguas arriba de núcleos urbanos densamente poblados, lo que multiplicaría las pérdidas humanas y materiales. La destrucción de infraestructuras críticas —puentes, estaciones eléctricas, redes de agua— provocaría además efectos en cadena durante semanas o meses.

El mensaje del sector de la ingeniería es claro: el debate no es si las presas son seguras hoy, sino cuánto tiempo pueden seguir siéndolo sin inversión continuada. La diferencia entre prevención y tragedia depende, advierten, de actuar antes de que el sistema falle.

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