Sumar llama a la puerta de Rufián para “refundar” la izquierda alternativa: “Si se quiere venir a casa, que se venga”
Los socios de Yolanda Díaz buscan una confluencia con músculo territorial, hacen autocrítica por el “ruido” y no descartan a Podemos mientras tantean al portavoz de ERC.
En la izquierda alternativa vuelve a sonar la palabra fetiche: “unidad”. Pero esta vez, con un giro de guion. La operación que preparan los Comuns y sus aliados —una nueva confluencia con aspiración de “solidez” y menos bronca interna— ha lanzado un guiño directo a Gabriel Rufián, que ya cocina su propio acto político esta misma semana.
La invitación, con tono de barra de bar y mensaje nítido, la verbalizó la portavoz de Comuns y diputada de la formación, Aina Vidal, en La hora de La 1: “Si se quiere venir a casa, que se venga”. Dicho así, como quien deja la llave bajo el felpudo. La escena no es menor: mientras el independentista presenta el 18 de febrero su propuesta, los de Díaz anuncian para el 21 un proyecto de “izquierda alternativa” que pretende ordenar el caos y evitar otra temporada de peleas públicas.
Vidal sostuvo que comparten un diagnóstico “muy parecido, o idéntico” con el portavoz republicano y con Emilio Delgado, diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid: si la izquierda quiere ser creíble, tiene que “aunar fuerzas” y exhibir “solidez”. Traducido del lenguaje de plató: basta de competir entre primos, basta de siglas peleándose por el mismo espacio electoral mientras el votante se cansa y se va a otra parte.
Ahora bien, el entusiasmo choca con la realidad interna de los republicanos. Vidal recordó que el partido “ha dicho que no” y que ha “desautorizado” esa idea de coser en un mismo bloque a fuerzas progresistas, nacionalistas y estatales. Y aun así, el gesto se mantiene: irán al acto de Rufián del día 18 para “escuchar en qué términos” plantea su iniciativa. Primero se escucha; luego se decide si hay boda… o solo foto.
Una confluencia con los de siempre y una pregunta incómoda
La nueva alianza que se presentará el 21 de febrero se articula —según lo explicado— en torno a Comuns, Sumar, Más Madrid e Izquierda Unida. Un cartel reconocible, con estructura en los territorios y con la intención declarada de funcionar con dinámicas “mucho más horizontales” que la coalición de 2023. En la práctica, una tentativa de relanzamiento sin decir “relanzamiento”: cambiar la forma para que parezca que cambia el fondo.
Y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿qué papel queda para Podemos? En este punto, la diputada Candela López dejó claro en RNE que no dan por perdido a nadie. “Respetamos el tiempo de las fuerzas políticas”, vienen a decir, y ya se verá quién entra, cuándo entra y en qué condiciones. La frase suena conciliadora, pero también a aviso: hay una mesa puesta, pero no se esperará eternamente a quien no quiere sentarse.
El argumento oficial es que lo importante es ampliar “frentes” y explorar dónde se juntan los caminos. El problema, el de siempre: en algunos territorios esas mismas fuerzas compiten sin miramientos. En Cataluña, por ejemplo, los Comuns y ERC se disputan el mismo caladero de voto de izquierdas. Y cuando hay urnas, la fraternidad suele durar lo que dura un eslogan.
Autocrítica por el “ruido” y receta “a fuego lento”
La novedad más llamativa, más allá del flirteo con Rufián, es el reconocimiento explícito de errores. López admitió que toca hacer “autocrítica” por la desafección política, especialmente entre los jóvenes. “Tenemos que hacer autocrítica… del ruido que generamos”, resumió, con una confesión que en otros tiempos habría sido tabú en un ecosistema acostumbrado a culpar al adversario, a la prensa o a “la campaña del miedo”.
El manual que ofrecen ahora es el del guiso lento: primero “dibujar la propuesta”, luego ver “quién más se quiere sumar”, cómo articularlo “de forma conjunta” y, solo al final, decidir quién lo representa y bajo qué nombre. “A fuego lento y tejiendo confianzas”. Es decir: evitar el lanzamiento precipitado, los choques de egos y la sensación de improvisación que ha perseguido a la izquierda alternativa en los últimos años.
Eso sí, el proyecto sigue sin una cara visible. No hay “cabeza” anunciada, no hay candidato, no hay nombre definitivo. Hay, por ahora, una intención política y una colección de mensajes: unidad, solidez, territorios, menos ruido. Y, como guinda, la invitación a un portavoz independentista que lleva años marcando agenda en el Congreso con estilo propio, para desesperación de unos y fascinación de otros.
¿Unidad o casting permanente?
El movimiento tiene lectura táctica: ensanchar la base y tapar fugas. Si se consigue transmitir un bloque compacto, la izquierda a la izquierda del PSOE podría dejar de parecer un archipiélago de siglas y volver a venderse como alternativa reconocible. Si fracasa, el resultado será el habitual: más fragmentación, más reproches y más abstención en su propio electorado.
Por ahora, la foto está en preparación y el relato, en construcción. Y el mensaje de Vidal queda flotando como un gancho: “Si se quiere venir a casa, que se venga”. En política, ya se sabe: la “casa” nunca es neutral. Quien entra, acepta reglas. Y quien invita, intenta mandar.