policía nacional
Ni una violación hace caer a Marlaska, el 'ministro achicharrado' que acerca etarras, de las muertes de Barbate y de la valla de Melilla
El Gobierno, el PSOE y sus socios salen en tromba a respaldar al titular de Interior tras la denuncia al DAO, pero no pueden tapar que es el más amortizado del Ejecutivo de Sánchez con un arsenal de escándalos como la destitución de Pérez de los Cobos o la munición a Israel
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante una sesión de control al Gobierno
Fernando Grande-Marlaska vuelve a estar en el ojo del huracán. Una nueva crisis sacude al ministro de Interior tras la denuncia por violación contra el director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional. La oposición exige responsabilidades políticas, pero el Gobierno cierra filas. Y el ministro, una vez más, se aferra al cargo. El patrón se repite: tormenta política y mediática, respaldo cerrado del PSOE y sus socios, y resistencia numantina del ministro más achicharrado del Gobierno de Pedro Sánchez, un escándalo más a su larga lista del que intentará volver a resistir en el sillón del Gobierno.
La denuncia de violación contra el DAO ha abierto interrogantes incómodos. ¿Hubo presiones desde mandos policiales a la víctima? ¿Se informó al Ministerio del Interior? ¿Se actuó con diligencia o se intentó contener el escándalo hasta que estalló públicamente? El propio Fernando Grande-Marlaska ha asegurado que dimitiría si la víctima “se sintió desprotegida”. Una declaración que suena más a parapeto verbal que a compromiso político inmediato. El PP ha pedido su dimisión, pero el ministro no contempla irse. Mientras tanto, el PSOE, Sumar y el resto de socios de Pedro Sánchez han condenado los hechos atribuidos al DAO, pero ninguno ha señalado al responsable político del departamento ni ha pedido dimisión. Cierre de filas sin fisuras una vez más, e incluso se ha alabado la actuación de Marlaska.
España
El Gobierno sabía y ocultó la denuncia de violación contra el jefe de la Policía e íntimo de Marlaska
Enrique Martínez Olmos
Sin embargo, ningún cierre de filas ni ninguna orden de Moncloa para que salga todo el loroparque sanchista a respaldar a Marlaska puede tapar su sucesión de escándalos en el Ministerio del Interior que lo colocan al borde del abismo. Entre sus polémicas más sonadas, el fin de la dispersión de presos de ETA. En marzo de 2023, Interior puso fin a una política aplicada durante décadas para evitar la concentración de presos de la banda terrorista en cárceles próximas al País Vasco. La medida fue interpretada por la oposición como una cesión política a Bildu. O el cese de Pérez de los Cobos. En mayo de 2020, Marlaska destituyó al coronel Diego Pérez de los Cobos. El Tribunal Supremo calificó aquel cese de ilegal, subrayando que se produjo por no informar al Ministerio de una investigación judicial. Un varapalo de enorme calado pero Marlaska siguió pegado al sillón ministerial con el apoyo de Pedro Sánchez.
Otro momento de máxima tensión para Marlaska fue la tragedia de Barbate. El 9 de febrero de 2024, dos guardias civiles murieron tras ser embestidos por una narcolancha. El suceso reavivó las denuncias sobre la falta de medios y recursos para combatir el narcotráfico en el Campo de Gibraltar. Pese a las críticas y escenas duras vividas, el ministro del Interior se aferró al cargo. Lo mismo con la valla de Melilla. El 24 de junio de 2022, al menos una veintena de personas murieron y más de un centenar resultaron heridas en un intento masivo de salto a la valla que separa Melilla de Marruecos. La gestión de aquel episodio sigue proyectando sombras sobre Interior y le valió ser reprobado hasta por los propios socios de Pedro Sánchez.
Y para rematar, la compra de munición a Israel, pese a que el Gobierno había prometido no vender ni adquirir armas mientras continuara la ofensiva sobre Gaza, añadió otra capa de incoherencia a la gestión del ministerio del Interior. Pese a este arsenal de crisis, Marlaska sigue aferrado al cargo y Sánchez dándole apoyo, uno de los pocos que ha sobrevivido desde su primer Gobierno. Cada polémica parecía la definitiva, pero ninguna lo fue. Ni las sentencias judiciales, ni las tragedias con muertos, ni las rectificaciones forzadas. La pregunta ahora es si esta nueva tormenta con la violación del DAO será distinta o si volverá a diluirse en el blindaje político del Ejecutivo. El Gobierno defiende su actuación y evita cualquier autocrítica pública, pero no puede tapar que el ministro ya está quemado y amortizado.