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Alerta sanitaria

Sanidad busca contrarreloj a 13.000 personas con hepatitis C que no saben que están infectadas

El virus sigue circulando sin diagnóstico en miles de casos, poniendo en riesgo el objetivo de erradicación

Imagen de las líneas celulares infectadas con el Virus de la hepatitis C marcado en verde (izquierda), y tras la curación de la infección (derecha).

CSIC/CNB
18/7/2024

Imagen de las líneas celulares infectadas con el Virus de la hepatitis C marcado en verde (izquierda), y tras la curación de la infección (derecha). CSIC/CNB 18/7/2024CSIC/CNB

Patricia Rodríguez Corchado

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España está cerca de cerrar uno de los mayores capítulos de salud pública de las últimas décadas. Tras años de inversión y tratamientos revolucionarios, la hepatitis C ha dejado de ser una amenaza masiva. Pero aún queda un frente abierto: miles de personas viven con el virus sin haber sido diagnosticadas.

Los expertos estiman que en torno a 13.000 personas en España podrían estar infectadas sin saberlo. No están en seguimiento médico, no reciben tratamiento y no figuran en los registros activos. Son pacientes invisibles.

El éxito que cambió el panorama

Desde 2015, con la llegada de los antivirales de acción directa, la enfermedad pasó de ser crónica y progresiva a tener cura en la inmensa mayoría de los casos. Más de 170.000 pacientes han sido tratados en el sistema público, lo que ha reducido hospitalizaciones, trasplantes hepáticos y muertes asociadas.

Hoy, la prevalencia de infección activa es baja en comparación con hace una década. Pero precisamente por eso, el desafío actual es más complejo: ya no se trata de tratar, sino de detectar.

¿Quiénes son los que faltan?

Ya no se trata de grandes brotes ni de repuntes llamativos en las estadísticas. El perfil ha cambiado. Los nuevos diagnósticos masivos quedaron atrás y ahora el desafío es mucho más silencioso. El virus puede estar hoy en personas que jamás se hicieron una prueba porque nunca tuvieron síntomas o porque no se consideraron en riesgo. También en pacientes que fueron diagnosticados hace años, cuando el tratamiento era más complejo, y que nunca llegaron a iniciarlo.

En otros casos, la infección permanece oculta en colectivos con menor acceso al sistema sanitario, donde las revisiones médicas no son frecuentes y el contacto con atención primaria es irregular. Y también puede encontrarse en quienes contrajeron el virus hace décadas —a través de transfusiones antiguas o prácticas de riesgo ya superadas— y nunca desarrollaron señales evidentes de enfermedad.

Ese es el verdadero problema: la hepatitis C puede permanecer años, incluso décadas, sin dar síntomas claros. Cuando finalmente aparecen, el daño en el hígado puede estar ya avanzado y, en algunos casos, ser irreversible

Búsqueda activa

Las estrategias de cribado y detección en España no siempre han sido universales: hasta hace pocos años, las pruebas de hepatitis C estaban recomendadas principalmente para grupos de riesgo específicos —como consumidores de drogas inyectables, personas en prisión o con antecedentes de exposición— y no se ofrecían de forma generalizada a toda la población adulta.

El interés por ampliar estas pruebas ha ido creciendo con el tiempo. Un estudio epidemiológico de 2017-2018 estimó que la prevalencia de anticuerpos frente al virus era alrededor de 0,85 % en adultos entre 20 y 80 años y que la infección activa rondaba el 0,22 %, lo que mostró que muchas personas infectadas seguían fuera del radar sanitario.

El enfoque actual pasa por ampliar pruebas en atención primaria, reforzar el cribado oportunista y desarrollar estrategias comunitarias para detectar casos ocultos.

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