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El escándalo del Bono Cultural de Sánchez no cesa: págate la discoteca y el alcohol con dinero de los impuestos

Jowke, una sala de fiestas de Alcorcón, da la opción deabonar la entrada y el reservado con una botella con la ayuda de 400 euros que te da el Gobierno al cumplir 18 años, bajo el apartado de "artes en vivo"

Montaje de Pedro Sánchez para promocionar usar el Bono Cultural Joven en la discoteca Jowke

Montaje de Pedro Sánchez para promocionar usar el Bono Cultural Joven en la discoteca Jowke

Enrique Martínez Olmos

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El Bono Cultural Joven, la ayuda de 400 euros que aprobó el Gobierno de Pedro Sánchez para los jóvenes que cumplen 18 años, muy criticado y cuestionado por considerarse una simple compra de votos, sigue generando polémicas en cómo se emplea realmente este dinero. Tras escándalos como que jóvenes lo utilicen para comprar videojuegos que luego revenden en Wallapop haciendo negocio, ahora se destapa que también se utiliza para pagar entradas a discotecas y hasta reservados con botella de alcohol incluida, como ofrece la discoteca Jowke de Alcorcón.

El caso más reciente tiene como protagonista a Jowke, una sala de fiestas de Alcorcón. A través de su web o plataformas de venta como Fourvenues, la discoteca permite abonar la entrada y también servicios de mesa o reservados con botella utilizando la tarjeta prepago del Bono Cultural Joven. ¿La categoría? “Artes en vivo”, el mismo apartado pensado para espectáculos culturales y que cuenta con un máximo de 200 euros. Es decir, el dinero público de nuestros impuestos destinado según el Gobierno de Pedro Sánchez a acercar a los jóvenes al teatro o a la música acaba sufragando una noche de discoteca con alcohol incluido.

El Bono Cultural Joven fue presentado por el Gobierno de Sánchez como una medida estratégica para apoyar al sector cultural y facilitar el acceso de los jóvenes a la oferta artística. Sin embargo, la falta de delimitación en determinados supuestos ha abierto la puerta a usos, como comprar videojuegos y venderlos de segunda mano o ahora gastarlo en la discoteca Jowke, que generan una gran desafección de cómo se gestiona el dinero público. Las críticas no son nuevas, desde su aprobación, la ayuda ha sido tachada por de medida electoralista, una compra de votos encubierta para fidelizar a nuevos votantes. Cada polémica reaviva y da la razón a ese discurso.

El debate está en si tiene sentido que el Estado subvencione, vía impuestos, consumiciones alcohólicas y una noche de fiesta bajo el paraguas cultural. El funcionamiento es sencillo: al pagar, el joven selecciona la tarjeta del Bono Cultural Joven como método de pago y el importe se descuenta del saldo asignado a “artes en vivo”, sin mayor filtro aparente sobre el contenido exacto del servicio adquirido. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez defiende el impacto positivo del bono en el consumo cultural juvenil, los episodios como el de la discoteca Jowke de Alcorcón alimentan la sensación de descontrol. Porque cuando el dinero público paga la botella del reservado en lugar de fomentar la lectura de los clásicos, las paguitas del PSOE dedicadas a comprar colectivos quedan en total evidencia.

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