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ESCÁNDALO EN ALCALÁ DE HENARES

El PSOE respalda a un cliente de prostíbulos en Alcalá de Henares: 300 firmas para echar al denunciante

La dimisión de Javier Rodríguez Palacios destapa una guerra sucia en el socialismo complutense: Ferraz presume de feminismo, pero en Alcalá protege a un dirigente señalado por su vínculo con el consumo de prostitución

(Foto de ARCHIVO)
El portavoz del PSOE de Alcalá de Henares, Javier Rodríguez Palacios, 

(Foto de ARCHIVO) El portavoz del PSOE de Alcalá de Henares, Javier Rodríguez Palacios, PSOE DE ALCALÁ DE HENARES

Luis Sordo
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El PSOE de Alcalá de Henares ha terminado haciendo exactamente lo que lleva años negando: tapar, aguantar y proteger a uno de los suyos pese al coste político y moral. La dimisión de Javier Rodríguez Palacios como secretario general de la agrupación local no es una anécdota orgánica, sino la prueba de una quiebra interna de primer nivel.

Lo que ha saltado por los aires no es solo una ejecutiva municipal. Lo que se ha roto es el relato del PSOE sobre la ejemplaridad, el feminismo y la tolerancia cero con determinadas conductas. Y se ha roto en Alcalá, a la vista de todos.

La foto que nunca se fue

El origen del escándalo vuelve a estar en una imagen de 2014 que persigue desde hace años a Enrique Nogués, dirigente socialista en Alcalá, y que ya fue utilizada políticamente en campañas anteriores. Esa fotografía, lejos de quedar enterrada, ha reaparecido con toda su carga demoledora justo cuando el PSOE presume de haber endurecido su código ético contra la prostitución.

Además, la crisis no se quedó en los despachos: la rebelión estalló también en la militancia. Según las informaciones publicadas, más de 300 militantes llegaron a movilizarse y a reunir firmas para forzar la salida de Rodríguez Palacios, en plena guerra interna por el caso Nogués, un dato que confirma hasta qué punto el PSOE de Alcalá ha entrado en descomposición orgánica y ha convertido el escándalo en una batalla de bandos.

La contradicción es brutal: el partido se llena la boca con discursos de igualdad y sanciones ejemplares, pero cuando el caso toca a un cargo de casa, la firmeza desaparece y empieza el regate corto.

El que cae no es el señalado

Y aquí está la clave del escándalo. Quien termina fuera de juego no es el dirigente cuestionado, sino el secretario general local. Javier Rodríguez Palacios dimite tras chocar con su número dos y después de no lograr una salida política clara dentro de la ejecutiva.

Traducido: en el PSOE de Alcalá no cae el señalado por el escándalo, cae quien no traga. Ese es el mensaje que ha quedado. Y es devastador.

Porque cuando una organización fuerza la salida del máximo responsable local en plena crisis ética, pero mantiene el foco de protección sobre el cargo discutido, ya no hay relato que aguante. Hay facción, cálculo y encubrimiento político.

Ferraz mira a otro lado

El PSOE nacional y el PSOE madrileño quedan también retratados. Durante años han convertido el discurso feminista en bandera, han elevado el tono moral contra sus adversarios y han exigido dimisiones inmediatas en cuanto había una sombra de conducta reprobable.

Pero en Alcalá, donde el problema les estalla dentro, la reacción ha sido la de siempre: contemporizar, enfriar, ganar tiempo y dejar que otro pague el precio. Mientras tanto, la agrupación queda intervenida y sumida en una crisis de credibilidad.

No es solo una pelea local. Es un síntoma de partido.

El feminismo de pancarta y la realidad de partido

El caso de Alcalá de Henares resume como pocos la doble vara del PSOE: una para dar lecciones y otra para resolver sus escándalos internos. Si la conducta es incompatible con el código ético, se actúa. Si no se actúa, el código era propaganda.

Y eso es exactamente lo que hoy percibe cualquier vecino de Alcalá: que el PSOE no ha respondido con ejemplaridad, sino con aparato. Que no ha protegido a la institución, sino al dirigente. Que no ha defendido principios, sino equilibrios internos.

El resultado es demoledor. El PSOE no solo sale dividido. Sale retratado. Y en esa foto política, quien aparece tapando al cliente de prostíbulos no es la oposición: es el propio partido.

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