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El delincuente exfiscal general no se libra de su condena: el Supremo rechaza la nulidad a García Ortiz

El Alto Tribunal cierra la puerta a la nulidad de su caso presentadas por la sanchista Fiscalía y Abogacía del Estado y sólo le queda la vía del Constitucional o el indulto

La nueva fiscal general del Estado, Teresa Peramato, y los exfiscales generales del Estado Álvaro García Ortiz y Dolores Delgado García.

La nueva fiscal general del Estado, Teresa Peramato, y los exfiscales generales del Estado Álvaro García Ortiz y Dolores Delgado García.Alberto Ortega / Europa Press

Enrique Martínez Olmos

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No hubo giro de guion ni nulidad salvadora. El Tribunal Supremo ha rechazado los incidentes de nulidad presentados por la Fiscalía y la Abogacía del Estado en representación del ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, contra la sentencia que le condenó por delito de revelación de secretos. La resolución, comunicada por el Alto Tribunal deja intacta la condena y cierra, al menos en esta vía procesal, el intento de revertir el fallo.

El movimiento jurídico en favor del exfiscal general García Ortiz buscaba anular la sentencia alegando vulneraciones o defectos en el procedimiento. Es una herramienta extraordinaria, no una segunda oportunidad para reargumentar el caso, sino un recurso limitado a supuestas quiebras de derechos fundamentales o errores graves. El Supremo no ha visto tales vulneraciones, y cuando el Supremo no las ve, la puerta se cierra con un sonido seco.

No es un asunto menor. La figura del fiscal general del Estado encarna la cúspide del Ministerio Público. Que quien ostentó ese cargo haya sido condenado por revelación de secretos y no consiga anular la sentencia proyecta una sombra institucional inevitable. La Fiscalía defendió la nulidad. La Abogacía del Estado también actuó en su representación. Pero el tribunal ha considerado que no había base suficiente para invalidar la resolución previa. El mensaje implícito es claro: el estándar jurídico aplicado al exfiscal general Álvaro García Ortiz no es distinto al de cualquier otro condenado.

Más allá de las consecuencias personales para García Ortiz, la decisión tiene un fuerte componente simbólico. Refuerza la idea de que las resoluciones judiciales, cuando superan el filtro del Supremo, gozan de una estabilidad difícil de erosionar. El intento de anulación era la última carta en esta fase, pero no ha prosperado. Eso sí, al exfiscal general del Estado aún le queda jugar la baza del Tribunal Constitucional dirigido por el sanchista Cándido Conde-Pumpido, y llegado el caso, el indulto por parte del Gobierno de Pedro Sánchez.

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