La muerte de Tejero abre nuevos interrogantes: ¿se harán públicos sus documentos particulares?
Los informes apuntan a que el exteniente coronel pudo sentirse respaldado por Juan Carlos I y revelan tensiones soterradas en el Ejército tras el fracaso del golpe, reactivando las incógnitas sobre la llamada “solución Armada” y el verdadero alcance de la amenaza aquella noche.
Antonio Tejero en el Congreso en el golpe de Estado del 23F
La reciente desclasificación de documentos sobre el 23-F ha vuelto a situar en el centro del debate la figura de Antonio Tejero, que falleció el mismo día. Los informes internos del CESID no solo confirman que los servicios de inteligencia conocían movimientos previos al asalto al Congreso, sino que apuntan a algo más delicado: determinados sectores habrían reforzado en el exteniente coronel la convicción de que contaba con el respaldo absoluto del entonces jefe del Estado, Juan Carlos I.
Las transcripciones telefónicas de la noche del 23 al 24 de febrero de 1981 muestran el brusco tránsito anímico de Tejero, desde la euforia inicial hasta la sensación de abandono. “Me han dejado solo como a una colilla”, llegó a lamentar ante su esposa. En los expedientes se desliza la tesis de que pudo haber sido utilizado como pieza instrumental —el “brazo tonto”, según la expresión recogida en los papeles— dentro de una operación de mayor alcance: la llamada “solución Armada”, que pretendía articular un gobierno de concentración cívico-militar, no una dictadura clásica.
Pero uno de los elementos más inquietantes aparece en la documentación sobre el “día después”. Frente al relato consolidado de una disciplina militar cerrada en torno al mensaje televisado del monarca, los archivos revelan que en determinados círculos castrenses la animadversión hacia el Rey se intensificó en la clandestinidad. Un manuscrito anónimo hallado en dependencias de Inteligencia Militar calificaba al monarca de “traidor” y sugería que, ante un hipotético nuevo intento, no debía ser protegido sino considerado “objetivo a batir y anular”. La amenaza, por tanto, no se habría disipado aquella noche.
Andalucía
Las cenizas de Antonio Tejero viajan a un pueblo de Málaga tras el funeral
Manuela Herreros
La figura de Tejero, entretanto, nunca desapareció del foco público. Aunque redactó sus memorias en prisión, nunca fueron publicadas. En el año 2000, la editorial Planeta, a través de la periodista Pilar Urbano, le ofreció un cheque en blanco para contar su versión completa, incluida la planificación del golpe. Rechazó la propuesta. Alegó que ya había declarado todo lo necesario ante los tribunales y que no le movía el interés económico.
Décadas después, su nombre volvió a primera línea informativa al conocerse su fallecimiento el 25 de febrero, coincidiendo con la jornada en la que el Gobierno hacía públicos nuevos documentos clasificados, apenas dos días después del 45º aniversario del intento de golpe. Pocos meses antes, el digital ElPlural.com recivió una carta remitida por el propio Tejero en 2018, en ejercicio de réplica ante un artículo firmado por Juan Luis Valenzuela.
En ese escrito, el exteniente coronel reiteraba que asumía su responsabilidad en los hechos del 23-F y que había rechazado el llamado Gobierno Armada por incluir a socialistas y comunistas. También insistía en que actuó obedeciendo al Rey, extremo que nunca pudo acreditarse judicialmente. La carta tenía, no obstante, un objetivo principal: defender la trayectoria de su hijo, sacerdote, y desvincularle de cualquier lectura política interesada.
Ahora la muerte del que fuera imagen visible del Golpe, plantea una extraña realidad. ¿Verán la luz nuevos documentos de el exteniente coronel de la Guardia Civil que apunten más luz (o puede que más barullo) a un momento clave de nuestra historia reciente?