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Ketty Garat revienta a Sarah Santaolalla y destapa el escándalo de TVE: “Quítate el cabestrillo”

La periodista carga sin piedad contra la tertuliana, cuestiona los 18.500 euros que habría cobrado de la televisión pública en solo tres meses y denuncia que TVE se ha convertido en un altavoz político al servicio de Moncloa.

Ketty Garat en Análisis Diario de la Noche

Luis Sordo
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La guerra en las tertulias ha saltado por los aires. Ketty Garat ha lanzado una ofensiva demoledora contra Sarah Santaolalla en una intervención que ha corrido como la pólvora y que vuelve a poner en el foco tanto a la colaboradora como al papel de Televisión Española.

Lejos de una simple discrepancia televisiva, Garat elevó el tono hasta convertir su ataque en una enmienda a la totalidad: contra Santaolalla, contra su presencia en TVE y contra el modelo de tertulia política que, a su juicio, la cadena pública lleva tiempo alimentando.

Un ataque frontal y sin anestesia

La periodista fue especialmente dura al retratar a Santaolalla como uno de esos perfiles promocionados para ocupar platós con una misión muy concreta: repetir el argumentario oficial y cargar contra periodistas y medios incómodos para el poder.

En ese contexto, Garat soltó una de las frases más explosivas del enfrentamiento, ya convertida en munición viral: “Dice que todo tiene un precio, efectivamente, los 18.500 euros que le paga TVE por tres meses de intervenciones”.

La acusación no se quedó en la cifra. Garat remató con otra frase de alto voltaje político y personal: “Ya era hora de que alguien le dijera a la cara, si tiene tanta aversión a sentarse en una mesa con gente que miente, quítate el cabestrillo”.

TVE, en el centro de la diana

Más allá del choque personal, el blanco real de Garat fue Televisión Española. La periodista vino a denunciar que la cadena pública habría dejado de apostar por voces con trayectoria contrastada para dar entrada a perfiles cuya principal función sería defender al Gobierno y hostigar a quienes publican informaciones comprometedoras sobre su entorno.

Según esa tesis, el problema ya no sería una tertuliana concreta, sino una televisión pública que habría rebajado sus exigencias profesionales para convertir determinados espacios en trincheras ideológicas pagadas con dinero de todos.

La crítica, por tanto, apunta al corazón de una polémica cada vez más incómoda: quién se sienta en los platós públicos, cuánto cobra y con qué propósito.

El debate sobre los fichajes y el dinero público

La referencia a los 18.500 euros ha añadido todavía más gasolina al incendio. No solo por la cifra en sí, sino porque reabre una discusión especialmente sensible: el uso de recursos públicos para promocionar a rostros televisivos de marcado perfil partidista.

Garat dejó entrever que este tipo de incorporaciones no responden a criterios de solvencia periodística o analítica, sino a una necesidad política de blindar el relato oficial en televisión. Es decir, no fichajes para enriquecer el debate, sino para dirigirlo.

Y ahí es donde el caso Santaolalla deja de ser un simple rifirrafe televisivo para convertirse en un síntoma de algo más profundo: la degradación del pluralismo en favor del panfleto disfrazado de tertulia.

Una frase que retrata el clima de los platós

El choque vuelve a demostrar hasta qué punto la televisión política ha entrado en una fase de máxima crispación. Ya no se discute para convencer ni para aportar datos. Se discute para destruir al adversario, dejar un corte viral y marcar territorio ideológico.

En ese escenario, la intervención de Ketty Garat no ha sido una crítica más, sino un misil directo a la línea de flotación de Santaolalla y de la propia TVE. Un golpe calculado para señalar nombres, cifras y responsabilidades.

Y, visto el eco del encontronazo, todo apunta a que la tormenta no ha hecho más que empezar.

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