Sánchez, retratado de nuevo: se agarra al caos internacional para intentar tapar otro fracaso con los Presupuestos
El presidente del Gobierno evita confirmar si presentará los PGE en marzo y utiliza la crisis exterior con la guerra en Oriente Medio como escudo ante la debilidad parlamentaria de su Ejecutivo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una reuda de prensa en el Palacio de La Moncloa.
Pedro Sánchez ha vuelto a recurrir este miércoles a una fórmula que domina como pocos: convertir una crisis internacional en cortina de humo para tapar sus problemas en casa. El presidente del Gobierno ha dejado en el aire si cumplirá su compromiso de presentar los Presupuestos Generales del Estado antes de que termine marzo. El cuento de nunca abacar. Y para justificar otro fracaso se escudó en la “gravedad de la situación internacional” para no dar una respuesta clara.
La escena se ha producido en La Moncloa, durante su comparecencia junto al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Allí, Sánchez ha preferido envolverse en un discurso de excepcionalidad global antes que concretar si llevará o no al Consejo de Ministros unas cuentas públicas que siguen sin aparecer. Sin fecha, sin compromiso firme y, sobre todo, sin explicaciones convincentes.
Moncloa gana tiempo mientras crece la sensación de parálisis
La indefinición no parece casual. Detrás del silencio del presidente sobre los Presupuestos se adivina una realidad mucho más incómoda para el Gobierno: la falta de una mayoría sólida para sacar adelante las cuentas y la evidencia de que la legislatura camina sobre un equilibrio cada vez más precario.
Sánchez evita retratarse porque sabe que los Presupuestos son hoy mucho más que un trámite económico. Son la prueba del algodón de su supuesta estabilidad. Y, por el momento, esa estabilidad no aparece por ninguna parte. La Moncloa lleva semanas deslizando mensajes contradictorios, mientras sus socios aprietan, elevan exigencias y exhiben sus diferencias en público.
Presentar los PGE sin tener amarrados los apoyos sería una temeridad política. No hacerlo en plazo, en cambio, deja al descubierto la debilidad del Ejecutivo. Entre ambas opciones, Sánchez ha optado por lo de siempre: aplazar, diluir y esperar a que el ruido exterior tape el desgaste interior.
En su intervención, el jefe del Ejecutivo llegó a asegurar que está gestionando una de las mayores crisis desde que accedió al poder. Con ese tono solemne intentó reforzar la idea de que el momento exige anteponer la urgencia internacional a cualquier otra cuestión, incluidos los Presupuestos.
Pero el problema no es que el contexto sea grave. El problema es que Sánchez utiliza esa gravedad como parapeto político. En vez de explicar qué piensa hacer con las cuentas del Estado, prefirió lanzar un mensaje genérico sobre las consecuencias “socioeconómicas” del conflicto sobre los hogares españoles. Mucha grandilocuencia institucional y muy poca concreción.
Porque a estas alturas lo que se esperaba del presidente no era una nueva apelación abstracta a la responsabilidad, sino una respuesta concreta sobre si el Gobierno tiene o no capacidad real para aprobar los Presupuestos. Y esa respuesta sigue sin llegar.
Tampoco aclara el choque con Sumar por la vivienda
La confusión no se limita a los PGE. Sánchez también restó importancia al pulso abierto con Sumar, que exige incluir medidas de vivienda en el decreto ley que el Ejecutivo aprobará este viernes en un Consejo de Ministros extraordinario.
Lejos de cerrar esa discrepancia o detallar el contenido del paquete, el presidente optó por minusvalorar el debate. Vino a decir que, con la gravedad de la situación actual, entrar en si se aprueba esta medida u otra resulta casi secundario. Una forma muy reveladora de gestionar sus propios conflictos: no resolverlos, sino empequeñecerlos públicamente.
A estas alturas, la cuestión es tan sencilla como incómoda para el Ejecutivo: ¿va a presentar Sánchez los Presupuestos antes de que termine marzo o no? Después de su comparecencia de este miércoles, la respuesta parece mucho menos cercana.