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Moncloa arde: numerito de Sumar de no entrar al Consejo de Ministros por la rebaja de impuestos y la vivienda

Según los de Yolanda Díaz, el PSOE "se cierra a incorporar medidas en materia de vivienda" en el decreto para paliar los efectos de la guerra de Irán, y califican estas propuestas de reducir tributos "de derechas"

Consejo de Ministros

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Enrique Martínez Olmos

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Escena insólita en el Gobierno: ministros que no entran a la reunión. No por agenda, no por enfermedad, sino por desacuerdo político. Es el último episodio del choque entre el PSOE y Sumar, con el ala de Yolanda Díaz protagonizando un plantón en pleno Consejo de Ministros. “Los nuestros no han entrado”, admitían sin rodeos fuentes de Sumar. Traducción política: crisis abierta dentro del propio Gobierno.

El detonante del choque es el paquete de medidas anticrisis que prepara el Ejecutivo ante el impacto internacional del conflicto en Irán. Entre ellas, la rebaja al 10% del IVA de la luz, el gas y los carburantes. Una medida que para el PSOE de Pedro Sánchez busca aliviar el bolsillo de los ciudadanos… pero que para Sumar supone poco menos que una traición ideológica. Desde el espacio de Yolanda Díaz consideran que rebajar impuestos es una receta “de derechas”, y reclaman ir más allá con medidas estructurales, especialmente en vivienda.

El desencuentro no es menor. Según Sumar, el PSOE “se cierra a incorporar medidas en materia de vivienda”, una de las banderas del socio minoritario. El portavoz adjunto de la coalición de Yolanda Díaz y diputado de Compromís, Alberto Ibáñez, ha elevado el tono acusando a los socialistas de “escudarse en la derecha” para justificar rebajas fiscales. Es decir, dentro del propio Gobierno ya no sólo hay diferencias, sino además ay reproches directos y sin disimulo. Lo que debería ser una reunión de coordinación se ha convertido en un pulso político en toda regla.

Mientras el PSOE intenta sacar adelante un decreto con medidas rápidas para amortiguar el impacto económico, Sumar opta por el gesto: ausentarse y presionar. Un movimiento que muchos interpretan como una forma de marcar perfil propio… aunque a costa de evidenciar la fragilidad del Gobierno. El episodio deja una imagen difícil de disimular: un Gobierno dividido, negociando consigo mismo y con ministros que deciden no sentarse a la mesa. Todo ello en un momento en el que el Ejecutivo debería proyectar estabilidad ante una crisis internacional. Pero en lugar de unidad, lo que se ha visto es otra cosa: un choque ideológico dentro del propio Consejo de Ministros, donde incluso bajar impuestos se convierte en motivo de ruptura.

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