corrupción
Raíz, el restaurante que se montó un imputado de los hidrocarburos al lado de la Audiencia Nacional para ganarse a los jueces
El local, especializado en brasas y cocina mediterránea, era en realidad una artimaña de un investigado para hacerse amigo de magistrados y fiscales que le investigaban, una historia que hasta supera a Torrente
Restaurante Raíz en calle Génova junto a la Audiencia Nacional
La realidad vuelve a superar a la ficción. Y esta vez con un guion que ni el propio Santiago Segura -que hasta ha comentado el caso- se habría atrevido a firmar en una entrega de Torrente. Un empresario investigado por un fraude millonario en el caso de los hidrocarburos decide abrir un restaurante… no por vocación hostelera, sino para moverse en el entorno de quienes podían juzgarle. Así nace el caso del restaurante Raíz.
El protagonista es José Ángel Prieto Holgado, empresario del sector de los hidrocarburos investigado por su presunta implicación en una trama de fraude de IVA que podría superar los 300 millones de euros. Cuando las pesquisas comenzaron a estrecharse, lejos de esconderse, habría optado por una estrategia insólita: acercarse al corazón del sistema judicial. ¿La fórmula? Abrir un restaurante junto a la Audiencia Nacional como desvela The Objective.
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El local, bautizado como restaurante Raíz, abrió sus puertas en septiembre de 2025 en la calle Génova de Madrid, a escasos metros de la Audiencia Nacional. Especializado en brasas y cocina mediterránea, el establecimiento aparentaba ser un negocio más en la zona. Pero según fuentes cercanas al caso, el objetivo real era otro: frecuentar, conocer e incluso ganarse la confianza de jueces, fiscales y personal del entorno judicial. Una especie de “base de operaciones” camuflada entre mesas, parrillas y menús del día.
El restaurante Raíz no figuraba directamente a nombre del empresario. Formalmente, el negocio estaba bajo la sociedad La Finca de Prieto SL, con otra persona como administrador. Sin embargo, los investigadores apuntan a que podría tratarse de un testaferro, lo que añade un nuevo nivel de complejidad al caso. La historia mezcla elementos de la vieja picaresca española con una dimensión mucho más preocupante: la posible intención de influir o acceder a información en un procedimiento judicial en curso. No se trata solo de un restaurante bien situado, se trata de la sospecha de que ese emplazamiento respondía a una estrategia calculada de un investigado. si algo demuestra esta historia es que, a veces, ni la mejor película de Torrente alcanza a describir lo que ocurre en la vida real.
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