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Jésica se beneficiaba, Ábalos "amaba" y Aldama pagaba: la UCO deja claro en el Supremo como funcionaba la trama

Los investigadores sostienen ante el juez que la 'casita de novios' entre Ábalos y Jésica fue pagada por Víctor de Aldama como contraprestación para 'comprar la voluntad' del también exsecretario de Organización socialista.

Jéssica Rodríguez, José Luis Ábalos y Víctor de Aldama

Jéssica Rodríguez, José Luis Ábalos y Víctor de Aldama

Patricia Rodríguez Corchado

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El juicio que se sigue en el Tribunal Supremo por las presuntas irregularidades en contratos de mascarillas durante la pandemia ha puesto el foco en un elemento concreto que, según los investigadores, va más allá de lo personal: un piso en la Plaza de España donde vivía Jésica Rodríguez, expareja de José Luis Ábalos.

Los agentes de la Unidad Central Operativa han descrito el inmueble como la “casita de novios” de la pareja, un término que ha marcado su declaración y que, a su juicio, ayuda a contextualizar el uso del piso dentro de la relación.

El origen del piso

Según la investigación, el proceso se remonta a 2019, cuando Koldo García envió a Jésica varias imágenes del apartamento. A partir de ese momento, la búsqueda y gestión del inmueble se habría canalizado a través de terceros hasta encontrar una vivienda acorde a sus preferencias. Entre esos intermediarios aparece Alberto Escolano, a quien los agentes sitúan como la persona encargada de materializar el alquiler.

Quién pagaba y cómo

La clave de la investigación está en quién asumía realmente el coste. Según la UCO, el alquiler no lo abonaba la inquilina, sino que era sufragado por Víctor de Aldama, presuntamente a través de Escolano.

Los agentes sostienen que este esquema de pago no respondía a una relación privada convencional, sino a una dinámica en la que el empresario asumía gastos para obtener influencia. En ese contexto, describen el piso como una “contraprestación” vinculada al acceso al entonces ministro.

Una gestión en cadena

Otro de los elementos que subraya la UCO es la forma en la que se gestionaban los problemas relacionados con la vivienda. Según su relato, cualquier incidencia era trasladada a Ábalos, que a su vez la derivaba a Koldo García para su resolución. Este circuito, basado en mensajes y gestiones indirectas, es interpretado por los investigadores como un indicio más de que el inmueble formaba parte de una red de favores más amplia.

A pesar de la contundencia de su exposición, los propios agentes han reconocido que algunos extremos no han podido acreditarse con total certeza, como determinados movimientos económicos o devoluciones de dinero. Las defensas, por su parte, rechazan la interpretación de la UCO y cuestionan tanto la solidez de los indicios como el conocimiento que pudiera tener Ábalos sobre quién financiaba realmente el alquiler.

El tribunal deberá determinar si la “casita de novios” fue simplemente un escenario de la vida privada de los implicados o una pieza más dentro de un entramado de supuestas contraprestaciones. 

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