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Cuando El Intermedio perseguía a Ana Botella hasta a la peluquería y era risas y periodismo para la izquierda y el PSOE
A la entonces alcaldesa de Madrid y mujer de Aznar le acosaba CQC y El Intermedio incluso cortándose el pelo, y Jordi Évole como El Follonero hostigaba a dirigentes del PP, pero ahora piden incluso cárcel para Vito Quiles por su escena con Begoña Gómez

Vito Quiles agredido por la amiga de Begoña Gómez y Ana Botella perseguida por Gonzo de El Intermedio
La escena protagonizada por Vito Quiles intentando preguntar a Begoña Gómez, con amenaza de denuncia de la mujer de Pedro Sánchez por una supuesta agresión que no existe, que acabó en una escena más propia de película de Berlanga con las dos amigas Charos agrediendo al comunicador, ha desatado una tormenta política y mediática. Moncloa dio orden de consigna a su loroparque y automáticamente ministros, dirigentes del PSOE y el equipo de opinión sanchista con TVE a la cabeza -donde Sarah Santaolalla llegó a decir que Quiles no estaría vivo en EEUU- han salido en tromba a rasgarse las vestiduras contra el comunicador, elevando el tono hasta hablar de “acoso ultra”, “límites cruzados” e incluso deslizando peticiones de sanción o de que acabe en la cárcel. Todo muy melodramático… hasta que aparece el peor enemigo del PSOE de Sánchez: la hemeroteca.
España
La otra 'Charo' del lío con Vito Quiles es la coordinadora de la cátedra de Begoña Gómez
Enrique Martínez Olmos
Porque hubo un tiempo no tan lejano en el que ese mismo estilo de “periodismo incisivo” de Vito Quiles no sólo era tolerado por la izquierda y el PSOE, sino aplaudido y celebrado. Y no hablamos de casos aislados, sino de formatos de programas enteros construidos sobre la incomodidad del político del PP, la persecución con micrófono en mano y la pregunta fuera de contexto. Ahí está Caiga Quien Caiga, convertido en icono para toda una generación. Sus reporteros hacían exactamente eso que hoy se denuncia a Quiles: buscar al político -del PP por supuesto- donde hiciera falta, insistir, incomodar y arrancar declaraciones en situaciones poco convencionales. Y todo ello con aplauso mediático y sonrisa cómplice de la izquierda pues era la época del Gobierno de Aznar y los perseguidos gente del PP.
Uno de los ejemplos que ha sido rescatado de la hemeroteca y está circulando como la pólvora por redes sociales, en este caso de El Intermedio, es el de Ana Botella, perseguida por el entonces reportero Gonzo incluso en su vida privada, incluyendo escenas tan surrealistas como seguirla hasta la peluquería y atosigarla a la entrada y salida. Exactamente lo que ha hecho Vito Quiles con Begoña Gómez en un restaurante. Entonces no había debates sobre “límites del periodismo” ni editoriales indignados de la izquierda ni del PSOE. Era entretenimiento y según decían, “hacer preguntas incómodas al poder”.
Lo mismo ocurre con Jordi Évole, uno de los periodistas fetiche de la izquierda actual, en su etapa como El Follonero, cuando se colaba en actos del PP, perseguía con el micro con preguntas impertinente y buscaba reacciones a base de insistencia. Aquello se aplaudía como irreverencia, frescura y valentía. ¿Qué ha cambiado entonces? La respuesta es bastante sencilla: cuando el foco estaba sobre políticos del PP, era sátira y periodismo valiente. Cuando el protagonista es alguien del actual Gobierno de Pedro Sánchez -como ahora Begoña Gómez-, del PSOE o su entorno de opinadores como Sarah Santaolalla, pasa a ser “acoso intolerable ultra” para la izquierda, lo haga por cierto Vito Quiles u otro comunicador. En definitiva, a la izquierda estas actitudes que ahora les parecen asunto de Estado sólo les molestan si se les hacen a ellos, cuando las practican los suyos, entonces es periodismo.