Ábalos se parapeta en la ironía y evita despejar las sombras de su patrimonio
El exministro presume ante el Supremo de que no le han encontrado “millones”, pero la UCO mantiene sobre la mesa 94.000 euros sin justificar y el rastro de Koldo García vuelve a perseguirle

José Luis Ábalos en su comparecencia anterior en el Senado
José Luis Ábalos compareció este lunes ante el Tribunal Supremo decidido a convertir su defensa en un ataque. El exministro de Transportes, antiguo número tres del PSOE y hoy acusado en el juicio por la presunta trama de las mascarillas, recurrió a la ironía para responder a las acusaciones de Víctor de Aldama, que le atribuye el cobro de mordidas millonarias.
“No van a encontrarme nada”, proclamó Ábalos, en una frase pensada para marcar titulares, pero que no despeja el fondo del asunto: la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil mantiene en sus informes la existencia de algo más de 94.000 euros de origen desconocido vinculados a su patrimonio.
Ábalos intentó minimizar esa cifra asegurando que, después de diez años de análisis patrimonial, lo único que se le imputa equivaldría a unos 500 euros al mes. Una comparación con la que buscó ridiculizar el caso, aunque el argumento tiene un punto débil evidente: no se trata solo de la cantidad, sino de su origen, de la forma en que se movió el dinero y de la relación directa con Koldo García, su exasesor y hombre de confianza durante años.
La estrategia: negar los millones para esquivar las explicaciones
El exministro se mostró incluso “encantado” de que Aldama, también acusado, le atribuya cada vez más dinero. Según Ábalos, cuantos más millones se le señalen, más fácil debería ser localizar ese supuesto patrimonio oculto.
El razonamiento puede resultar efectista, pero no resuelve la cuestión principal. Ábalos no solo está siendo examinado por si aparecen grandes fortunas, cuentas opacas o bienes de lujo. También se analiza si hubo ingresos no justificados, pagos en efectivo, favores cruzados y una relación económica poco transparente con Koldo García.
Y ahí es donde su declaración dejó más preguntas que respuestas.
Ábalos insistió en que la cifra de 94.000 euros es discutible y que, tras hacer sus propias cuentas, le sale “bastante menos”. También puso en duda el método de la UCO, al señalar que parte de las conclusiones salen de mensajes del teléfono de Koldo. Sin embargo, su defensa se apoyó de nuevo en el mismo punto incómodo: muchas explicaciones pasan precisamente por Koldo García, el asesor que se convirtió en pieza clave del caso.
Koldo, siempre Koldo
El exministro explicó que algunos ingresos sospechosos procederían del alquiler de un piso a Koldo García o de pagos relacionados con el entorno familiar de este. También afirmó que no es responsabilidad suya que la UCO no sepa de dónde sacaba Koldo el efectivo.
Pero esa explicación, lejos de cerrar la sospecha, la agranda. Porque sitúa otra vez a Koldo como intermediario económico habitual de Ábalos. El exasesor aparece como inquilino, prestamista, pagador y persona de confianza para resolver problemas económicos personales del exministro.
La explicación del efectivo tampoco convence
Otro de los argumentos de Ábalos fue el cambio en la “cultura de pago”. Aseguró que cada vez se usa menos dinero en metálico y más tarjeta, y que durante su etapa como ministro no necesitaba efectivo porque los gastos institucionales se cubrían por otras vías.
La explicación pretende parecer lógica, pero no elimina la duda central: por qué aparecen cantidades de origen desconocido y por qué algunas de ellas se relacionan con movimientos de su antiguo asesor. Ábalos quiso presentar el informe de la Guardia Civil como una construcción exagerada, pero no logró desprenderse del problema de fondo: la UCO detecta dinero que, al menos de momento, no considera suficientemente aclarado.