cataluña
El asesinato de una mujer en Esplugues por un marroquí que Irene Montero y la ministra de Igualdad ocultan: ni palabra, ni condena
El crimen a cuchilladas en medio de la calle mientras el asesino gritaba “Alá es grande” ha provocado un efecto curioso en toda esa izquierda tan feminista que denuncia la violencia machista: el silencio absoluto

Ana Redondo, el asesino de Esplugues de Llobregat e Irene Montero
El asesinato de una mujer a cuchilladas en plena calle en Esplugues de Llobregat ha sobresaltado a esta población catalana y a España en general. Sin embargo, a diferencia de otras veces cuando se asesina a una mujer y salen diferentes diferentes instituciones como dirigentes políticos a condenar el hecho, esta vez ha habido un silencio sepulcral. Que el asesino sea marroquí y gritara “Alá es grande” antes de cometer el crimen seguro que es un dato que no tiene nada que ver con ese silencio, sobre todo por parte de la izquierda de las Irene Montero, Ana Redondo, Ione Belarra y compañía, tan rápida en hablar de violencia machista cuando el asesino es un español, pero tan poco locuaz cuando el asesino es de fuera y no come jamón.
Dos de los silencios han sido muy llamativos: primero, el de la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que sale por inercia a condenar los asesinatos de mujeres… salvo este. Y otro silencio el de las habituales en salir con el “terrorismo machista” y de paso acusar a los hombres de ser todos potenciales agresores, su antecesora en el ministerio y eurodiputada de Podemos, Irene Montero, que se ha quedado muda y ha ocultado el asesinato de Esplugues de Llobregat. Seguro que el pequeño dato de que el asesino sea marroquí no ha tenido nada que ver en este curioso olvido compartido de la izquierda.
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Más allá de Ana Redondo e Irene Montero, la maquinaria de la izquierda no sólo calla e ignora el asesinato de Esplugues de Llobregat, sino que además ha puesto en marcha su estrategia de minimizarlo. La consellera de Interior de la Generalitat de Cataluña, Núria Parlón, ha quitado hierro al asunto vinculándolo a que el asesino marroquí que gritó “Ala es grande” “estaba en una situación alterada” y “podría tener problemas mentales”, pero no relacionándolo al machismo, cosa que sí hacen cuando es español. Vaya, aquí hay problemas mentales, pero si el asesino ha nacido en Matalascañas, es terrorismo machista y no hay problema que valga.
Los reproches a esta doble moral de la ministra de Igualdad, Ana Redondo, Irene Montero, y todas esas dirigentes de izquierdas que van tan de feministas en el crimen de Esplugues de Llobregat, no se ha hecho esperar, a las que acusan de ocultar un asesinato de una mujer cuando el asesino es extranjero y musulmán: “Esto es terrorismo y sois vosotros los que le habéis dejado entrar en España”, “callan cuando el asesino no come jamón, es su falso feminismo”, o directamente “convocaron manifestaciones por toda España y se rasgaban las vestiduras por el pico de Rubiales a Jenni Hermoso y ante esto ni palabra”. En definitiva, si el que mata a una mujer, y a sangre fría a cuchilladas en medio de la calle, viene de fuerza reza a Alá, a algunas parece no importarle.
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