Óscar Puente, desesperado, saca las garras tras la entrada de la UCO en Ferraz y acaba vapuleado
El ministro socialista encadena una batería de mensajes en redes sociales contra la Guardia Civil, los periodistas y la oposición mientras intenta desviar el foco hacia el encuentro de Sánchez y el Papa León XIV en el Vaticano

(Foto de ARCHIVO) El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, interviene durante una sesión plenaria del Senado 12/5/2026
La entrada de la UCO en la sede federal del PSOE en Ferraz ha provocado una reacción tan acelerada como agresiva en las filas socialistas. Y si alguien ha asumido el papel de escudo político y mediático del partido ha sido Óscar Puente.
El ministro de Transportes ha dedicado la mañana a lanzar una cascada de mensajes en redes sociales con un objetivo evidente: desacreditar el trabajo de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, sembrar sospechas sobre los periodistas que están informando del caso y tratar de minimizar la gravedad política de una imagen devastadora para el PSOE.
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Lejos de mantener una posición institucional o de llamar a la prudencia, Puente ha optado por la confrontación permanente. Más de una decena de publicaciones en pocas horas muestran a un dirigente socialista absolutamente volcado en defender al partido ante el terremoto político provocado por la actuación de la UCO. Y lo ha hecho utilizando una estrategia conocida: atacar al mensajero, cuestionar el procedimiento y buscar una cortina de humo para desplazar el debate.
La estrategia del “simple requerimiento”
Uno de los mensajes más llamativos del ministro ha sido el dirigido directamente contra los medios de comunicación que estaban cubriendo la entrada de los agentes en Ferraz. “Visten como un registro lo que es un simple requerimiento de información. Por cierto, para requerir información, ¿Es necesario mandar a la UCO? Es alucinante”, ha escrito Puente.
El problema para el relato socialista es evidente. Intentar reducir el episodio a un “simple requerimiento” no solo parece un esfuerzo desesperado por rebajar el impacto mediático, sino también una manera de desmerecer el trabajo de los investigadores y de los periodistas que informan sobre ello. Además, él mismo se ha contestado: quizá es necesario enviar a la UCO porque no es un "simple" requerimiento.
La crítica de Puente no se ha limitado a los medios. También ha cuestionado abiertamente el funcionamiento y las decisiones de la UCO, deslizando dudas sobre la coherencia de las actuaciones judiciales. “Lo del registro del domicilio de Santos Cerdán… lo enviaron a prisión hace ahora casi un año. Y no lo acordaron. Después lo pusieron en libertad. Tampoco lo acordaron. Hoy lo acuerdan… desde el punto de vista procesal es de un coherente que alucinas”, ha publicado.
Más allá del tono irónico, el mensaje deja entrever una voluntad clara de erosionar la credibilidad de los investigadores y de las decisiones judiciales. Una estrategia arriesgada para un miembro del Gobierno que, en lugar de defender la independencia de las instituciones, parece decidido a cuestionarlas cuando afectan a su propio partido.
La sombra del supuesto “chivatazo”
Otro de los mensajes más polémicos de Puente ha sido el dirigido contra la prensa por la rapidez con la que algunos medios han difundido la información. “Por ejemplo. De ahora mismo. El Confidencial ya tenía la información hecha”, ha escrito el ministro.
La insinuación es evidente. Puente deja caer que los medios disponían previamente de información sobre la actuación de la UCO, alimentando así la sospecha de un presunto “chivatazo” o de una coordinación interesada entre investigadores y periodistas. Una acusación gravísima lanzada sin aportar prueba alguna y que vuelve a colocar al ministro en una estrategia de confrontación total con cualquier actor que no contribuya al relato oficial del PSOE.
No es la primera vez que desde el entorno socialista se intenta presentar las informaciones incómodas como parte de una operación política o mediática. Pero el nivel de agresividad mostrado este miércoles por Puente evidencia hasta qué punto el partido considera letal el impacto de las imágenes y de las noticias relacionadas con Ferraz.
La cortina de humo del Vaticano
Óscar Puente también ha intentado cambiar el foco mediático apelando a la agenda internacional de Pedro Sánchez. “Por cierto, por si nadie se ha percatado de ello, hoy el Papa recibe a Pedro Sánchez. El que pueda hacer que haga”, ha escrito.
El mensaje no deja demasiado espacio para la interpretación. Mientras la atención pública se concentra en la entrada de la UCO en la sede socialista, el ministro ha tratado de redirigir el interés hacia la visita del presidente del Gobierno al Vaticano. Una maniobra política de manual: sustituir una imagen incómoda por otra institucional y de mayor altura simbólica.
Insultos a Núñez Feijóo
Puente ha aprovechado también para cargar contra Alberto Núñez Feijóo y contra el Partido Popular. “Prueba conseguida. Dinamitan la sesión de control, siembran la duda sobre todo y le ponen a Feijóo en bandeja seguir con su discurso. Y aún así, es tan inútil, que nadie confía en sus posibilidades de ganar unas elecciones. No nos van a doblegar. Que se lo quiten de la cabeza”, ha publicado en su cuenta de X.
En otro mensaje ha insistido en la misma línea: “Este sujeto no tendría la cuarta parte de la atención que recibe si no fuera por el trabajo que le hacen extramuros del PP y de la política. Porque no tiene nada que decir que no adolezca de una absoluta falta de interés”, ha atacado de forma directa y contundente al presidente nacional del PP en una maniobra desesperada.
La reacción del ministro deja una imagen preocupante: la de un miembro del Gobierno más centrado en desacreditar a periodistas, investigadores y adversarios políticos que en ofrecer explicaciones convincentes sobre una situación extremadamente grave para la formación socialista. Aunque nadie espera explicaciones de Óscar Puente tras lo sucedido en Adamuz el pasado 18 enero.
En lugar de rebajar la tensión, el ministro de Transportes ha elegido elevar el tono y convertir las redes sociales en una trinchera. Una estrategia que quizá sirva para movilizar a los sectores más fieles del partido, pero que difícilmente contribuye a fortalecer la confianza en las instituciones o en la transparencia política.