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Ester Muñoz revienta a Chema Garrido tras el intento de llevar el caso Leire Díez hacia Aznar

La portavoz del PP en el Congreso responde con ironía al director de El Plural después de que la izquierda mediática intentara utilizar las libretas de Leire Díez para salpicar al expresidente del Gobierno

Ester Muñoz en la Rueda de Prensa del Congreso

Ester Muñoz en la Rueda de Prensa del CongresoÁngel García

Luis Sordo
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La izquierda mediática ha encontrado de repente una nueva pasión: leer con entusiasmo las libretas de Leire Díez. Las mismas anotaciones que durante días han incomodado al PSOE, a Santos Cerdán y al entorno de Pedro Sánchez, ahora parecen haberse convertido en material de primera categoría para intentar lanzar una sombra sobre José María Aznar. Y ahí es donde ha entrado Ester Muñoz.

La portavoz del Grupo Popular en el Congreso ha respondido con una frase demoledora al director de El Plural, Chema Garrido, después de que este sugiriera en TVE que, si la UCO da credibilidad a las anotaciones de la exmilitante socialista, debe hacerse “con todo”, incluida la parte en la que aparecerían referencias a Aznar, su yerno Alejandro Agag y supuestos intereses vinculados a Venezuela.

La réplica de Muñoz fue tan breve como letal: “A Leire la pagaba el PSOE pero trabajaba para Aznar”.

Una frase cargada de ironía que resume, en apenas diez palabras, la contradicción en la que se ha instalado buena parte del relato progresista. Porque el problema no es que se investigue todo. Al contrario. El problema es pretender que unas libretas son dinamita judicial cuando apuntan al adversario, pero pasan a ser material dudoso, interpretable o sospechosamente conveniente cuando retratan las cloacas del propio PSOE.

Las libretas no son una carta a los Reyes Magos

El llamado “caso Leire” ha colocado en el centro del tablero político unas anotaciones manuscritas que la Guardia Civil analiza dentro de una investigación que ha sacudido a Ferraz. En esas libretas aparecen nombres, siglas, reuniones, contactos, posibles maniobras y referencias a asuntos judiciales, policiales y empresariales.

Hasta ahora, el foco principal ha estado en las supuestas actuaciones de Leire Díez, considerada por sus críticos como una pieza de fontanería política al servicio del PSOE, y en su relación con Santos Cerdán, ex secretario de Organización socialista. La UCO ha puesto el acento en los pagos, los viajes, los contactos y la posible estructura que habría operado alrededor de esa red.

Pero en cuanto algunos medios afines al Gobierno han detectado referencias a Aznar, Agag o Venezuela, el guion ha cambiado. De pronto, las libretas han dejado de ser un problema para el PSOE y se han convertido en un posible salvavidas propagandístico. La consigna parece clara: si el caso aprieta demasiado a Sánchez, hay que intentar ensuciar también al PP.

El argumento de Ester Muñoz apunta precisamente ahí. Si Leire Díez estaba vinculada al PSOE, si sus gastos fueron objeto de investigación, si sus contactos orbitaban alrededor de intereses socialistas y si sus movimientos han acabado en el sumario, resulta difícil vender ahora que todo aquello era, en realidad, una conspiración al servicio de Aznar.

Ester Muñoz pone el dedo en la llaga

La dirigente popular ha entendido perfectamente la operación: desplazar el foco. Donde había preguntas incómodas para Ferraz, se intenta colocar un espejo retrovisor hacia el PP. Donde había pagos, reuniones y nombres socialistas, se intenta abrir una derivada mediática que permita hablar de Aznar, de Agag o de Venezuela.

Y, sin embargo, la clave sigue siendo la misma: una anotación no equivale a una condena. Ni para unos ni para otros. Que un nombre aparezca en una libreta no significa que haya cometido delito alguno. Pero tampoco puede usarse esa regla de forma selectiva. No vale exigir fuego judicial contra el PSOE cuando conviene al PP, ni convertir las mismas notas en munición contra Aznar cuando conviene a la izquierda.

La diferencia, en este caso, es que el “caso Leire” no nace por una frase aislada en una agenda, sino por una investigación sobre una presunta estructura de maniobras, contactos y pagos vinculados al entorno socialista. Esa es la parte que incomoda. Y esa es la parte que algunos intentan tapar envolviéndola en un viejo nombre del pasado: Aznar.

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